Carlos Martínez

“Porque hay que saber que no hay monstruo más terrible que un hada, porque su belleza rinde, encanta, subyuga y ata a otra realidad …”

Ana María Morales

Fragmentos recuperados de diversas fuentes nos hablarán de la historia de Fidel, un arqueólogo:

Crónica: “En el Jardín del Edén” por Navette Tamayo, publicado en la revista: La lengua de fuego, en mayo de 2016 parte 1:

Oculto entre las montañas existe un valle sombrío con olor a muerte. Si alguna vez Rulfo describió Luvina como el lugar en donde anida la tristeza, “El Muladar”, como le dicen los judiciales a este lago prehistórico erosionado por el tiempo y convertido en necrópolis por la violencia, sería, en ese sentido, una suntuosa casa de campo para la ausencia. Un jardín de mandrágoras humanas, donde los desplazados jornaleros ya no cultivan, sino buscan. Desentierran aquello que el crimen organizado sembró durante decenas de años. “Levanta Muertos”, les dicen. Diametralmente lo opuesto a mercenarios, los levantamuertos son personal a sueldo contratado por las víctimas de una guerra normalizada y sin cuartel, para encontrar los restos de sus familiares desaparecidos.

Las faldas de la gran madre reciben la temporada de huracanes: lluvias lavan y deslavan la tierra. Capas de despojos humanos se reacomodan. Los levantamuertos aprovechan el reblandecimiento de la tierra para exhumar a los hijos de la ausencia, descubriendo así la violenta geología del lugar. Fue en días como este cuando Fidel conoció a Lilith.

Fidel fue un niño que jugaba con dinosaurios, en la adolescencia se apasionó con la Segunda Guerra Mundial, sus crímenes y fosas; su siempre insaciable inquietud por la muerte después de la muerte. Estudió arqueología, pero hasta los veintidós años entendió que su trabajo tenía poco glamur: un levantamuertos en las faldas de “la gran madre”, nombre con el que bautizó las formaciones de la serranía el artista-vulcanólogo: Alejandro Murillo, mejor conocido como Dr. Poporo, quien vio la silueta de una mujer embarazada tendida boca arriba en las formaciones rocosas.

Luego de una intensa lluvia, Fidel, varillas en mano, decidió escudriñar la zona del muladar más pegada a la montaña. Picando la tierra fue como descubrió un cuerpo de mujer casi en perfecto estado, con el único detalle de encontrarse decapitado con precisión quirúrgica.

Las primeras en aparecer fueron sus manos. Fidel sus varillas se toparon algo no muy profundo, por más extraño que parezca, al retirar una de estas del suelo fangoso, encontró asida la mano izquierda de Lilith al extremo del metal. Dedos delgados finos que conducían a un brazo de iguales características. Fidel lo tomó, jaló hacia él, de la tierra brotó una forma exuberante de piel apiñonada pero ceniza. Su palidez indicaba que la sangre había abandonado ese cuerpo hace mucho tiempo.

Fragmento de entrevista recuperado del Semanario de lo insólito, octubre de 2017, bajo el título: “Se enamora de una muerta: Los Necroamantes”:

Entrevistamos a dos de los levantamuertos del “muladar” acerca del tan sonado caso en la región. Han sido prácticamente las mismas personas en los últimos cinco años. Sólo uno de ellos dejó el grupo: José Castillo, alias “el Pepe”, quien no concede entrevistas y prefiere no hablar más del asunto.

SE LO CHUPÓ LA BRUJA

Su nombre de levantamuertos era Fidel, aunque ahora todos le dicen Adán, por la crónica publicada el año pasado. Según estos caballeros, fue víctima de una entidad paranormal, una bruja:

—Díganos, Don Lupe, ¿cómo describiría usted a Lilith?

—Lilith es lo más raro que nos ha pasado en la vida. Lo que encontró Fidel no era para nada un cadáver, ni mucho menos el cuerpo de una muchacha. En mi pueblo les dicen tlahuelpuchis, brujas que se desprenden de sus cuerpos y sus cabezas voladoras asustan a la gente. —Dice Don Lupe, de cincuenta y cuatro años, levantamuertos y exjornalero.

—Pero eso no lo sabíamos cuando la trajo aquí, parecía un trabajo como cualquier otro, excepto que sí vimos muy raro al Fidel. Estar aquí no es sano para nadie, siempre hay algo que te impacta … por eso ponemos música —concluye Pedro Chávez Medina, mejor conocido como “el Chayanne”, otro desenterrador.

Testimonio de José Castillo, transcripción del Ministerio Público del 26 de junio de 2014:

Otra de las curiosidades de la chica es que no presentaba signos de violencia característicos de los cárteles ni de las autodefensas. Su cuerpo desnudo no estaba impregnado de olor a combustible como suelen estarlo debido a la costumbre de incinerar los restos a fin de volver imposible su identificación. Ni siquiera tenía quemaduras. Sólo unas escarificaciones hechas en los muslos, en la espalda, hombros y antebrazos, que referían más a una práctica ritual que a un tormento.

Todo está en la bitácora del Fidel, léalo si usted gusta, incluso viene lo de la noche en cuestión. Esa noche montábamos guardia Fidel y yo, pero por más que lo intenté convencer, no quiso dejarme a mí solo e irse a casa.

Fragmentos de la bitácora de Fidel presentada por José Castillo en su declaración frente al MP 1:

La envolví y la llevé a la estación para que fuera revisada por el forense y así pasara a identificación.

Juró ver cómo se movía luego de colocarla en la plancha.

No sé si por efecto de la luz, pero me pareció ver cómo se alteraban los pliegues de la bolsa que la cubre.z

Aunque me lo ofreció varias veces no quise dejar solo al Pepe con esa mujer.

Ya entrada la noche, me despertaron unos ruidos en la bodega y fui a revisar. La lluvia arreciaba y se había vuelto a formar una gotera, me decidí a repararlo cuando lo noté:

Como lo presentía, un costado de la bolsa que cubría a la chica estaba roto y uno de sus pies se asomaba por el orificio.

Ya encaminado, también opté por cambiar el envoltorio de la pobre. Me incliné sobre ella y cogí el borde del plástico…

Permanecí largo tiempo absorto, contemplando, y cuanto más miraba, menos podía creer que la vida hubiera abandonado para siempre aquel hermoso cuerpo, tan joven para morir.

En ese momento, mi cerebro no podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo: la muerta rodeó mi cuello en un abrazo de tal ternura que me fue imposible resistir.

Crónica: “En el Jardín del Edén” por Navette Tamayo, publicado en la revista: La lengua de fuego, en mayo de 2016, parte 2:

Amaneció nublado y una capa de neblina se arrastraba montaña abajo, como si el peso de la lluvia hubiese obligado a las nubes a descender la noche anterior para derramar sus excesos de agua. Pepe bajó de su camastro, llamó en tres ocasiones a Fidel y, al no obtener respuesta, se encaminó a su encuentro.

Sin importar que fuera uno de los más experimentados, Pepe no estaba preparado para lo que se encontró al llegar a la bodega.

Fragmento de entrevista recuperado del Semanario de lo insólito, octubre de 2017, bajo el título: “Se enamora de una muerta: Los Necroamantes” ,parte 2:

—El Pepe nos llamó a eso de las siete y media de la mañana, nos pidió venir de inmediato para acá, como si nunca hubiera oído hablar de gente que fuera capaz de chingarse a un muerto—, dijo “el Chayanne”.

—No podíamos dejar que algo así se supiera, nos costaría nuestro trabajo y la credibilidad del proyecto se vendría abajo, ¿en quién más iban a confiar esas pobres señoras, si nosotros también les fallábamos? ¿Ahora quién velaría por los restos de sus hijitas?

—Cuenta Don Lupe y hace una pausa. —Por eso decidimos volver a enterrar a la muchacha y destituir de todas sus funciones al Fidel, que desde ese momento no dejó de hablar pura tontería —, agrega Don Lupe.

—“¡Pobrecita de ti, condenada a morir sin amor!”,decía el pinche degenerado ese—, dijo riéndose Chayanne.

Fragmentos de la bitácora de Fidel 2:

Un cadáver, es un cadáver.

Ya no piensa, ni se mueve, ni siente. Está tan inanimada como la tierra que la cubría.

Sin embargo…

¿Por qué la siento temblar en mis brazos cuando la cargo?

Testimonio de José Castillo, transcripción del Ministerio Público del 26 de junio de 2014 Parte 2:

¿Cómo fue que murió Fidel?

Fue algo muy raro.

Don Lupe habló conmigo sobre el estado mental de Fidel, me dijo que tuviera mucho cuidado porque había dejado de ser quien era, había dejado de ser mi amigo.

Al principio, cuando se llevaron el cuerpo de la muchacha, Fidel gritaba y tuve que sujetarlo, pero se calmó, o eso creí yo. Su ira se desvaneció en convulsiones mudas cargadas de violencia, ora pataleando, ora cabeceando. Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que su silencio era causado por un bloqueo en su quijada.

Contracciones musculares que se llevaban su rostro y dejaban tan sólo una risa sardónica.

Fidel lloraba, sus ojos lo decían todo por él, sufría.

Parecía que su cuerpo, en un acto de rebeldía, dejó de responderle y se pusiera en su contra.

“¡Ayuda, no sé qué me pasa!”, fue lo último que pudo decir claramente.

Podía ver cómo se contraían todos los músculos de su cuerpo en movimientos rítmicos y asfixiantes, seguidos de una rigidez como si estuviera pasando por sus manos una corriente directa. Lo más horrible de todo fue mirar su garganta estrangularse a sí misma.

Sabía de bacterias y neurotoxinas que atacan al sistema nervioso central, como el caso del tétanos, pero nada tan rápido ni tan violento.

Crónica: “En el Jardín del Edén” por Navette Tamayo, publicado en la revista: La lengua de fuego, en mayo de 2016, parte 3:

Víctima de una mano invisible que apretó su cuello hasta el último aliento, el levantamuertos de treinta y dos años conocido como Fidel, dejó de existir a las dieciséis horas del martes 24 de junio del 2014.

José Castillo, pasante de enfermería de veintiséis años, aún incrédulo de cuanto estaba pasando, sufría la muerte de su amigo, mientras, al otro lado del valle Chavez Medina y Don Lupe regaban con gasolina el cuerpo de la misteriosa joven.

Testimonio de Pedro Chávez, transcripción del Ministerio Público del 27 de junio de 2014:

—La neta, pobre vato, murió de una sobredosis de sepa qué chingados. De menos no dejó familia, sólo nos dejó un pedote.

Testimonio de Don Lupe, transcripción del Ministerio Público del 28 de junio de 2014:

—Sé por mi propia experiencia, que cuando te acercas bastante a los cárteles, estos no descansan hasta no haberte borrado completamente del mapa luego de servirles.

Así le pasó a mi hijo, y por más que sigo buscando no lo he podido encontrar.

Fragmento de entrevista recuperado del Semanario de lo insólito, octubre de 2017, bajo el título: “Se enamora de una muerta: Los Necroamantes”, parte 3:

—Don Lupe me dijo que era mejor incinerar el cadáver, que los forenses se darían cuenta tarde o temprano de las cochinadas del Fidel, pero luego luego que se prendió esa madre, se paró y salió corriendo derechito al bosque, una bandada de tordos pasó por encima de nuestras cabezas y clarititito vimos como una columna de humo alzó a lo lejos—. Cuenta Chayanne.

Testimonio de José Castillo, transcripción del Ministerio Público del 26 de junio de 2014, parte 3:

—Recibí una llamada de Pedro pidiéndome ayuda para apagar el incendio, tomé la camioneta y fui por gente al otro lado del muladar.

No me extrañó nada que alguien hubiera robado el cuerpo de Fidel. Era un muchacho muy listo y eso incomodaba a cualquiera.

Crónica: “En el Jardín del Edén” por Navette Tamayo, publicado en la revista: La lengua de fuego, en mayo de 2016, parte 4:

Ocho horas después, y gracias a la humedad de la lluvia del día anterior, lugareños y levantamuertos lograron sofocar el fuego sin mayor consecuencia como se presumía.

Ya de noche, de vuelta a la estación, los tres levantamuertos tendrían su última cita con lo desconocido.

Fuegos fatuos se conglomeraban alrededor de la choza con techo de lámina. Una bola de fuego azul con rostro de mujer, flotaba acompañada por el cuerpo reanimado de Fidel.

Atónitos y horrorizados, escucharon una voz procedente de aquel rostro en llamas que hablaba sin mover los labios:

—¡Ingenuos nigromantes, creen convivir con la muerte y haber desvelado sus secretos, sin embargo, su corazón se retuerce ante la presencia de aquella capaz de hilar el destino!

Acto seguido las manos de Fidel tomaron aquel rostro espectral por las mejillas para besarlo. Fuego y carne se fundieron en una muestra de pasión iridiscente, consumando así la unión de los amantes, que, luego de brillar como un lucero, se perdieron en la oscuridad de la noche para finalmente volverse polvo.

Fragmento de entrevista recuperado del Semanario de lo insólito, octubre de 2017, bajo el título: “Se enamora de una muerta: Los Necroamantes” ,parte 4:

—Y así fue como de verdad sucedió, pero nunca lo pudimos contar como se debe porque nos hubieran tirado de a locos—. Concluye Don Lupe.


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