Parece ser que la luz que produce tu pantalla genera algún tipo de fuerza, de inhibición, o de un empoderamiento sínico, esa luz es capaz de distraer la ética y normalizar lo ilegal, y eso es verdaderamente peligroso. Tras el escudo que genera el internet con su anonimato; su avatar; su cuenta falsa o prestada, los individuos somos capaces de caer en lo que en público solemos condenar.
Stalkear es un acto de inhibición resguardado en el famoso “no se va a dar cuenta”, pero que conlleva un complejo acto inconsciente de celos y/o inseguridad. Como víctima, el acosador, o Stalker, es una sombra terrible, incansable, dedicada en su mayoría a causar angustia y sufrimiento, se trata indirectamente de que pierdas la tranquilidad. Poco a poco irás perdiendo las ganas de salir, de publicar sobre tu vida. En consecuencia, perderás el entusiasmo por vivir pues habrá un par de ojos incansables de alguien observando cada detalle, provocando que todo lo hagas con miedo y a la larga que no lo hagas.
Cuando ese observador es un conocido, como un ex o un fan adquirido en una única fiesta, se vuelve aún más terrible, pues la incertidumbre del peligro tiene aún más bases en su paranoia: siempre está ahí, siempre acechando, y está cerca.
Esa es una realidad, ser víctima de un Stalker es terrible y no hay dudas de eso, pero ¿Qué pasa del otro lado? ¿Qué hay en su cabeza obsesionada y sin aparente vida propia? Un acosador es un tema interesante, pues es su necesidad y su sufrimiento lo que termina por agredir a los demás.
El Stalker tiene a su propio acosador, su perseguidor, un observador que no descansa ni en sueños, lo atormenta con cada pensamiento evidenciando con pruebas reales o falsas que es inferior. El acosador de un Stalker es él mismo, encerrado en su cabeza, dedicado únicamente a hacerlo sufrir. Todo aquel que haya sentido celos o alguna inseguridad sabe que no es tema fácil, ahora imagina sentirlo todo el tiempo, sin parar, y con tanta fuerza que el deseo de no estar solo se vuelve una obsesión.
Estas personas sufren tanto por esa soledad que no pueden soportarlo, responsabilizan a otros. Se distraen de sus demonios obligando la interacción con alguien más, y así cubren un poco que no hay interacciones satisfactorias en su día a día. Al final, el obsesivo tiene una versión suya detrás de ellos diciéndole sin cesar “eres un inútil”, “no vales nada”, “confírmalo, observa como tienen una vida sin ti y sufre, sufre por no tener importancia”, “y ahora que lo sabes y no te gusta saberlo, desquítate con quien te hizo sentirlo”. Esa voz no se detendrá, los celos seguirán creciendo, la inseguridad y el enojo también.
Hay una incapacidad de subsistir solos, de estar bien con uno mismo sin la necesidad de la compañía. Considerar que uno no debe ser lo más importante para nadie más que para sí mismo parece ser mucho pedir para algunas mentes, pero es necesario. El acoso es sufrimiento materializado en obsesión, es un ancla lanzada con desesperación esperando que alguien se enganche a ella y, como suele pasar, no da resultado. El acosador no deja de sentirse acosado por sus pensamientos autodestructivos, agresivos y dolientes, y genera dolor a quien no logra calmar su sufrimiento sin importar que no sea responsabilidad de nadie más.
Y aunque un Stalker hace víctima a otra persona y a sí mismo, no hay que olvidar que el victimario es él, en ambas situaciones. Esta obsesión es el inicio de cosas peores en su mente, ideas cada vez más oscuras, y por tanto consecuencias más terribles. La responsabilidad es un hecho que no entienden, no dejaran de culpar a los demás y por tanto creerse ellos mismos las víctimas. ¿Te ha pasado? ¿Has entrado a los perfiles de tu ex a observar cómo sigue su vida sin ti, con la excusa del “sólo quiero saber cómo está”? ¿Has actualizado una y otra vez la página para ver si hay una nueva publicación? ¿Lo has sentido? Ese ser malvado detrás de ti susurrando burlonamente: recarga la página nuevamente






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