Jorge Luis Lozoya
Un acosador es una cosa espeluznante para pensar. No hay límites para lo que harán, o cómo harán para observar el objeto de su atención.
Los acosadores en las películas rara vez son inocentes, no parecen darse cuenta del hecho de que están causando más daño que bien. A veces realmente quieren causar daño y tienen una larga lista de formas de justificarlo. Lo más espeluznante de un acosador en las películas es que sabes de una forma u otra que no terminará bien.
Sy Parrish es un hombre anodino y tímido que dirige desde hace años el laboratorio fotográfico de los grandes almacenes “SavMart”. Sy es un hombre solo, sin familia ni amigos. Depende de su trabajo y considera que sus servicios son una contribución vital a la sociedad.
De todos los clientes, de todas las personas que han acudido a su estudio para revelar sus memorias, es la familia Yorkin, compuesta por la madre Nina Yorkin (Connie Nielsen), el padre Will Yorkin (Michael Vartan) y el hijo Jake Yorkin, quienes cautivarán la atención de este personaje solitario.
Al ser una familia aparentemente feliz y perfecta, Sy no puede resistirse a seguir sus vidas a través de las copias de sus fotos. Sy sueña con acercarse a la familia y vigila sus acciones. Consigue conectar con Nina después de que ésta le vea leyendo el mismo libro que ella.
Pronto, Bill, el jefe de Sy,descubre que este está imprimiendo muchos más ejemplares de los que los clientes pidieron dando como resultado el despido del protagonista, quien, antes de irse para siempre del “SavMart” , logra hacerse con una serie de fotografías que develan un adulterio consumado por Will Yorkin.
Consternado por este descubrimiento que ha tumbado su imaginario de lo que sería “una familia feliz”, Sy , motivado por la desilusión y un corazón un poco roto, decide tomar cartas en el asunto.
Lo que la película realmente propone es una terrible descripción, cruda y sin concesiones, del modo de vida en la sociedad occidental ya que la locura de Sy es, en el fondo, una metáfora de la locura del mundo moderno. El relato transcurre en unos escenarios ordenados, impersonales y sin auténtico calor humano que donde la cámara es igualmente incómoda e impersonal, como si estuviésemos contemplando las habitaciones de una clínica.
Con un estilo casi kubrickiano, el director Mark Romanek nos adentra en la vida de este personaje incómodo e introvertido, que acecha a esta familia en secreto creando una realidad paralela en la que comienza a cruzar líneas invisibles altamente cuestionables.
Si bien la película escondía un drama sobre las consecuencias de los traumas, el rechazo social y la soledad de toda una vida, un punto a favor de esta película es la creación de un villano peligroso que, en la piel de Robin Williams, cobraba matices amables, capaces de cuestionarnos nuestra propia cordura. La capacidad de generar en el acechador una empatía directa, Robin lo consigue jugando con ese rostro amable que tanto conquistó a lo largo de su carrera.
El acto de acechar continúa apareciendo de manera prominente en el género de terror dado el horror del mundo real que puede provocar en los espectadores, lo que ha llevado a películas que también han explorado un territorio similar y han presentado a algunos de los acosadores más espeluznantes jamás vistos en la pantalla grande.
Ya sea hombre o mujer, cada acosador cinematográfico ha tenido un impacto memorable debido a sus crímenes depravados, su incapacidad para comprender la naturaleza de sus crímenes o las formas inquietantes en que llevaron a cabo su acecho.






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