Me acomodo frente a mi escritorio y cojo el cuaderno y la pluma. Hoy escribiré a mano. Es una de mis formas favoritas de expresar mi ficción.
Este será un relato de espada y brujería, pero quiero hacer algo distinto. Tiene que haber un héroe, y he decidido crear uno nuevo, no un alter ego de mí, el cual se enfrente a las bestias más horribles de los Territorios Oscuros y libere a los pueblos que han caído de bajo el yugo de estos monstruos y de la maldad humana.
Ya he inventado a tres héroes distintos, de edades diferentes, uno joven, uno maduro y el tercero viejo. Podrían ser el mismo en tres etapas de sus vidas. No es una mala idea. Así puedo dar a la luz un cuarto personaje, alguien interesante. Pienso mucho en mi pareja: Isa, quien se alejó a otro país porque el gobernante de la región del sur quería arrebatarle su decencia y eliminarme para que yo no la desposara.
Algún día Isa volverá. Cuando la dictadura de ese gran tirano caiga. Por ahora, se mete conmigo muy poco y puedo trabajar como creador literario. En mi tiempo libre me dedico a mi segundo trabajo, que es igual de relevante y amerita toda mi fuerza, y otras habilidades.
Por eso, inspirado en mi amor (a quien no veo hace un año, aunque las aves me traen sus cartas perfumadas con aroma de rosas), decido crear a Bel. Es una joven que es separada de su novio y debe luchar contra un sistema tiránico para poder recuperar a su amante y lograr que las aldeas de los territorios oscuros sean liberadas por fin de crueles amenazas mágicas.
Más o menos como el mundo real, porque quizá mi adorada Isa no pudo contra el turbio poderío de Mc Siul, pero se encuentra batallando en el país del norte, el cual es pequeño, no obstante, se encuentra bien resguardado contra amenazas extranjeras. Eso sí, es acechado por hechiceros y brujas que tratan de dominarlo.
Isa (Bel, a partir de aquí) se resguarda en una apacible villa hasta que un día llega a esos lares un hombre con el brazo izquierdo mutilado. Tiene un torniquete y habla de un dragón que no echa fuego ni hielo ni ácido. Es una criatura que tira azufre y corrompe la carne de sus víctimas, la vuelve negra, sin corriente sanguínea, y el mal se extiende; por eso todos los afectados, hombres, mujeres y niños, deben cercenarse la parte afectada, si es que tienen la suerte de que esta se trate de una extremidad.
Bel lo atiende. Desde niña, la séptima hija de siete hermanos y la única mujer, ha visto a su familia, incluyendo a su padre, irse a otras partes del mundo a luchar por cuidar que este sea un mundo mejor, mas es difícil, puede que aquella guerra nunca termine. Bel espera que dure pocos años, pero se dice ingenua a sí misma. Su madre la entrenó desde niña. Por eso elige ir a matar a la criatura infernal esa misma noche. Antes escucha la narración del único superviviente de un poblado llamado Paritaca.
Ya ha ordenado que curen y cuiden del infortunado, quien perdió a sus seres amados por culpa de un brujo que se transforma en el mencionado ente del azufre, quien se hace llamar «Azu». No le será difícil encontrar al bestihombre. Se sabe que su guarida es una caverna, cerca de la zona ecuatorial, donde el sol abrasa.
Se coloca su ligera armadura y parte con sus dos espadas, bien afiladas, por un herrero mago. Le agrada que, de alguna manera, la magia la acompañe, porque será contra la magia mal empleada que luchará. No tiene ningún temor. Monta su corcel negro, el cual también va revestido con una sólida montura plateada.
En el camino, el cual dura dos días, acaba con cinco ladrones varones que mataron a una familia para arrancarles sus pertenencias. También extermina a un pájaro serpiente gigante que descendía a tierra firme para estrangular los cuerpos de los niños y tragárselos desde la cabeza de un solo bocado. Le pareció buena idea visitar al inicio del tercer día el nido de aquel engendro y mató a todas sus crías, no cortándolas en dos. Se las comió. La carne de esos seres era sabrosa. Para beber, tenía el agua de los manantiales, de las más limpias de la región. Su caballo estaba cansado, por eso decidió reposar la noche del tercer día con el fin de recobrar fuerzas. Escogió un área rocosa.
Era incómodo, pero se hallaba oculta ante posibles peligros, lo que no sabía era que al amanecer, Azu, en su forma humana iba a salir de su cubil para cobrar nuevas vidas, cada vez que asesinaba gente sus poderes crecían.
El corcel la despertó con sus relinchos, los cuales eran una especie de murmullos que solo Bel captaba. El hocico del caballo también le movió la cabeza y ella se levantó con suma rapidez, sacó las dos espadas afiladas y lo vio: era un hombre vestido con una túnica magenta, no llevaba sombrero, sus cabellos eran cortos, canos; su cuerpo: delgado. Tenía la expresión de un perro bravo, hambriento. Él también la miró, hizo un gesto de satisfacción.
Ella corrió para atacarlo, mas el bestihombre la detuvo con su magia tenebrosa. Bel cortó el aire con sus armas, lo cual asustó a Azu, quien decidió convertirse en dragón y acabar de forma rápida con su adversaria, usando el azufre. La transformación fue velocísima, tanto que Bel ya tenía el azufre sobre ella y usó como escudo sus espadas al cruzarlas. La magia positiva hacía su efecto. Enseguida el caballo se puso debajo de ella y la subió, Bel se paró sobre el corcel y saltó desde ahí hacia su rival.
El dragón, en lugar de retroceder, se acercó más a la guerrera para intentar morderla y despojarla de sus armas, pero una espada le atravesó la mandíbula de abajo hacia arriba, cerrándole el hocico. La otra arma filosa creció hasta insertarse en su corazón y lo atravesó.
Bel, de Quitur, había triunfado. Su enemigo se desvaneció como una neblina amarillenta.
He dejado de escribir. Continuaré mañana. Yo, Carlán de Sanjuanflor, tengo que salir de casa ahora mismo a enfrentar a la bestimujer que enviaron para matarme. Es rutina para mí. No sé su nombre. Sé, al verla, que es una hechicera, la cual se convierte en una dragona que lanza discos afilados de metal de su boca. Su cuerpo está hecho de acero. No sabe que la magia evoluciona y ahora mis dos sables son cien veces más filosas que antes. Gracias a los viejos de los pueblos aledaños, aprendí trucos nuevos. Ven aquí, descarada. ¿Llegas con tus malas artes a mi casa? Te cortaré la cabeza en dos segundos. De modo inevitable eso es lo que sucederá. Soy el mejor guerrero de la región. Luego escribiré un relato de mi hazaña.






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