Las relaciones sociales se componen, en gran medida, por el lenguaje, por lo que no es raro que al convivir mucho tiempo con una persona se vaya creando un nuevo lenguaje que abarca mucho más que las palabras cariñosas que escuchamos en el día a día, un lenguaje que incluye miradas, caricias, besos, bromas que sólo entre los dos entienden.

Esta reflexión es para poner al lector en contexto: Miguel y yo tenemos una relación “poco convencional” no en el sentido de exclusividad, sino en el sentido en el que nos demostramos amor, más allá de los besos y abrazos.

La cita para un juego de rol (el primero para mí) estaba teniendo lugar en casa de mi amigo Juan, en la sala había un par de personas, dos chicas, a las cuales nunca antes había visto.

—La campaña va a empezar—dijo Juan quien al sentarse en la cabecera había tomado el papel de game master.

—Bueno, gente ahora vamos a lanzar los dados para ver quién hará el primer movimiento—volvió a decir Juan, muy serio en su papel.
Los dados, para mi felicidad habían arrojado el número más alto de la mesa.

—Leo, tú eres la primera en despertar y te das cuenta que estás en una cueva obscura, todos los demás a tu alrededor duermen, ¿qué es lo primero que haces?—me dijo el game master mientras todos los demás jugadores apuntaban sus miradas hacia mí.

—Quiero ver que hay en la cueva—dije muy segura de mi acción como si fuera toda una master en este juego.

—Esta bien, lanza los dados para ver cuánto tienes de visibilidad—indicó Juan mientras me pasaba los dados.

Un triste y patético número cinco, aparecía entre ambos dados cuando escuché la voz de Miguel diciéndome el tan acostumbrado “¡ay!, toda changa tenías que ser.

—Tienes cinco de visibilidad, así que lo único que puedes ver es a tus compañeros dormidos, ¿qué es lo primero que haces?

— Patearlo—dije entre risas mientras señalaba a Miguel.

—¡Oye!—me reclamó Miguel, sin poder disimular la risa que siempre había en ese tipo de juegos.

—Miguel, eres el siguiente en despertar por el madrazo que te acaban de dar.

Ahora te toca lanzar los dados para ver cuántos puntos perdiste por el golpe.

Los dados otra vez estaban en el aire. Cinco.

—Miguel, perdiste cinco puntos, ahora ¿qué es lo primero que haces?

—La empujo fuera de la cueva—respondió casi en automático con una sonrisa malévolamente vengativa.

—Leo, vuelves a lanzar los dados para ver cuántos puntos pierdes por el empujón.

Los dados nuevamente se encontraban en el aire cuando una voz de una tonalidad bastante chillona interrumpió la atención sobre aquellos dados.

—O sea, ya basta—dijo una de las chicas con el tono fresa que poco tolero — somos un equipo, dejen de jugar y tómenselo en serio.

Al escuchar eso, muy sinceramente no supe si se trataba de una broma o realmente hablaba en serio, pero al ver sus muecas de disgusto, supe que la cosa no iba de broma.

Siguió con un discurso del que poco recuerdo en el que nos regañaba por golpearnos entre nosotros, arruinar la dinámica grupal y todo lo que eso conlleva como “ser un equipo”, “pelear juntos” y ese tipo de palabras que parecían sacadas de alguna película de caballería en la batalla final.

Pero la mesa de la sala no era un campo de batalla, ni nosotros caballeros que estaban a punto de enfrentarse a una guerra o a un terrible monstruo. Para mí, era una reunión con algunos amigos para jugar y esa era la palabra clave, JUGAR.

¿Cómo era posible que esta chica a la que apenas y conocía, literalmente, esperaba que me tomara en serio un juego?

Desde niña me enseñaron que había espacios y momentos para todo: en el salón de clase había que tener seriedad, comportarse y poner atención; la hora del recreo en el patio era para correr, jugar y divertirse. En un funeral había que estar serios y estar calladitos, pero en el jardín podía correr y jugar todo lo que quisiera.

Y ahora esta chica venía a romper treinta años de educación, creando todo un caos en mi mente porque repito, ¿estar serios en un juego? ¿Entonces para qué jugar si el fin no era divertirse?

Pero bueno, que más queda decir que esa incómoda interrupción pudo contra mi versión de diversión por lo que el resto de la campaña, para mí, fue un tanto larga y tediosa… un juego que se tiene que tomar en serio, ¿puede ser divertido?


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