I
DEJA VÚ

Lolo Gómez despertó en un contenedor de basura con un agudo dolor rectal. Le costó varios minutos poder incorporarse, después de vaciar su estómago por el pavimento, intentó reconstruir la noche previa, darle cohesión a las imágenes que rondaban inquietas por su cabeza, de lo que –estaba seguro– habría sido todo un agónico suplicio.

Aquel humanoide grisáceo acariciándolo inapropiadamente, las luces rojas iluminando el minúsculo set de paredes metálicas, la sensación en su paladar de aquella lengua bífida y seca como una lija, recorriendo cada recoveco de su boca hasta anidar en su laringe. Los murmullos de enanos azulados con esos peculiares objetos cromáticos apuntándole al cuerpo. Intentó sentarse en la acera, pero ese martirio en el recto se lo impidió –de seguro requeriría puntadas, eso era innegable, gracias a los hilos de sangre escurridizos por la avenida que eran sus piernas zambas–; no había duda. Su peor temor se confirmaba al hilar las imágenes en su cabeza. Poner las piezas del rompecabezas en un orden que desataba un pánico paralizante.

Otra vez abducido por venusinos de tres miembros, ¡puta madre!, pensó horrorizado. Sólo espero que me duela el culo por qué me introdujeron una sonda, o un implante y no porque me confundieron con una hembra terrestre en celo. Otra vez.

De nueva cuenta había sido parte de una grabación de tintes pornogalácticos, sin consentimiento de causa. Sólo temía no haber salido embarazado como la última vez, ser un padre soltero en estos tiempos, sin seguro médico ni empleo formal, era extremadamente complicado por los prejuicios sociales de una sociedad mojigata y más, cuando los vástagos parecían perros descarnados y malhumorados de ojos saltones.

II
¡LA ENTREVISTA DEL ALARMISTA!

El reportero del periódico de dudosa reputación “El Alarmista”. Tony Cocó tenía una entrevista exclusiva con Lolo Gómez, aquel pintoresco vagabundo que aseguraba haber sido abducido por extraterrestres en múltiples ocasiones. Encendió su grabadora de bolsillo que colocó a un costado de la mesa.

—Señor Gómez, ¿cuántas veces ha sido raptado? — preguntó Tony en labor noticiosa.

—Creo que seis veces. No estoy seguro —admitió Lolo.

—¿Cómo le ha afectado esta situación?

—Perdí mi trabajo, mis amigos se burlan de mí. La gente me toma como un loco. Mi mujer me dejó porque cree que la engañé, pero se equivoca, no fue consensual. ¡Fui violado señor periodista! Pero sabe que es lo peor de todo esto.

—¿Hay algo peor? —preguntó el periodista intrigado.

—Estoy embarazado. —Lolo casi se atraganta con las palabras —. Tengo tres meses y no tengo seguro médico, y no sé cómo le voy a hacer.

III
ME DAS MALA DIGESTIÓN
(O caída del patriarcado maternal)

Los restos de Lolo Gómez cayeron al pavimento desde un tercer piso, era un vómito del que era imposible determinar si eran sus miembros o sus entrañas, aquella peste que se desbordaba por el pavimento, envuelta en ese líquido acuoso de un tono verde limón.

Desde la ventana de aquel tercer piso, se asomaba la tierna y frágil figura de un burdo perro descarnado, de ojo saltón y raza indeterminada, todavía en el malestar engendrado de un almuerzo familiar.


Deja una comentario

Tendencias