Y aconteció que yendo ellos y hablando,
he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos;
y Elías subió al cielo en un torbellino.
(2 Reyes 2: 11)
Cuando pienso en extraterrestres, inmediatamente viene a mí una imagen de un ovni en medio de la noche en un campo de trigo abduciendo a una vaca. Cuando era niño pensaba que en el patio de mi casa bajaría una nave y de ella saldrían seres verdes y grises, con grandes ojos y cuerpos delgados. Recuerdo mi mirada fija en la oscuridad del patio, temiendo no volver a ver a nadie por ser raptado por extraterrestres. Con el pasar del tiempo, me percaté que los alienígenas no estaban en esas estrellas que solían moverse en el cielo nocturno (en realidad lo que creía que eran sus naves resultaría ser aviones) sino que estaban entre nosotros. No están caminando en las calles o haciendo filas para los trámites del día a día, no intercambiamos saludos con ellos ni les preguntamos cómo están.
Los extraterrestres están en el arte, en nuestras creencias e historias populares. ¿Qué diferencia a los extraterrestres de los fantasmas, los duendes, los vampiros o el chupacabras? Dos cosas: el origen y la conexión que tenemos con ellos. Los monstruos a los que tememos son parecidos a algo que conocemos, sin embargo, se teme más a los extraterrestres porque su naturaleza no corresponde con la terrenal. Para la humanidad un alien es un extranjero, una criatura que no conocemos y tenemos que interpretar.
Algo que llama mi atención en torno al fenómeno ovni es que la mayoría de los avistamientos sea en zonas rurales, donde el ruido y las luces de la ciudad no interfieren con ellos. Se rumora que entre los cerros se ven sus naves y que en los campos se ven sus cuerpos caminando. Sin embargo, aunque quieran establecer un contacto directo, permanecen aislados esperando que los humanos los busquen. Tal vez los interpretamos como una amenaza, como si ese contacto significara someternos a ellos, dejarnos gobernar y al mismo tiempo saber que no tenemos alguna ventaja sobre ellos. El “fin del mundo”, entonces, sería real.
Dentro de los testimonios de abducciones siempre se encuentra un patrón: la luz que hace levitar a la víctima, el sistema moderno interior de las naves y la manipulación del cuerpo de las personas. ¿Será que los extraterrestres alguna vez fueron humanos? La idea que tenemos sobre su cuerpo y su manera de pensar es muy similar a la nuestra. ¿Por qué no pensarlos con otra fisionomía? Tal vez sea nuestro intento de hacerlos más como nosotros, de poder comprender aquello que no podemos asimilar.
Nuestra representación de los extraterrestres en la cultura se refleja de dos maneras: ayuda o amenaza. Pienso en las teorías que afirman que los aliens ayudaron a construir las pirámides de diferentes lugares de la Tierra; o que brindaron a los pueblos un conocimiento secreto que se perdió en la historia; o en personajes como Alf que conviven en los sistemas familiares humanos. Pero toda moneda tiene dos caras, la segunda, la maligna de los aliens, corresponde a los seres invasores que vienen a exterminarnos, como en la novela “La guerra de los mundos” de H. G. Wells, la cual al ser transmitida en la radio en 1938 creó pánico social; o en las entrevistas que se les hacen a supuestos extraterrestres que confiesan que están trabajando en un proyecto de dominación mundial.
¿Qué pensarán de nosotros los aliens? Tal vez nos ven como seres inferiores con los cuales hay que hacer experimentos o tal vez nos ven con una gran inteligencia que debemos desarrollar con su ayuda. Sea como sea, no podemos negar que nos parecemos más a los aliens de lo que creemos. Tal vez en algún momento fuimos abducidos y no lo recordamos; tal vez los hemos visto en sus naves en medio de la noche y nunca supimos que nos saludaban… tal vez tienen acceso a nuestro mundo digital y pueden estar leyendo esta revista justo ahora.






Deja una comentario