4/Septiembre/2023
Estoy muriendo, es un hecho. La medicina simplemente no puede impedir el desgaste celular. Soy mi propio enemigo y mi cuerpo se quiebra con cada tratamiento inútil al que me exponen. Quisiera poder morir en mi cama, lejos de las jeringas y la radiación.
He decidido comenzar este diario con el fin de documentar mi muerte. Escribo frente al monitor esperando desahogarme. Sé que el final se acerca por mucho que mi madre intente evitar lo inevitable. No hablo, no camino. Poco a poco lo único que hago es no morir mientras respiro artificialmente desde una silla de ruedas o mi cama.
El blanco de la pantalla me marea, me provoca náuseas…
De nuevo, me siento débil. Mi madre llora porque sabe que es inútil, pero se aferra a la vida que ya no tengo. Qué patético… Siento que soy la única aquí con el derecho de llorar y ni eso puedo hacer ya.
5/Septiembre/2023
El doctor me ha dado la noticia. Sólo tengo 3 meses de vida a lo mucho. Seguiré con el tratamiento y los medicamentos, pero ya no hay nada más que hacer. Realmente es un alivio ver el final del túnel.
6/Septiembre/2023
«Por favor inténtalo, hazlo por mí».
Un nuevo folleto con otro tratamiento costoso que dará los mismos nulos resultados.
«Es nuestra última esperanza»
Yo ya no tengo voluntad, la miro, resignada, con la rabia contenida en los puños esqueléticos de mis manos.
«Esta vez será diferente, ya verás»
Me besa la frente y se va, dejándome en una silla de ruedas conectada a un generador de oxígeno y un folleto con un tratamiento nuevo que promete curar todas mis dolencias. Estoy atrapada, soy un rehén de la vida y del egoísmo de mi madre.
7/Septiembre/2023
¡Es increíble! Le han lavado el cerebro a mi madre. No tengo ni idea si nos uniremos a una secta o qué carajos está sucediendo, pero hoy no hemos ido al tratamiento en el hospital. Ella sabe que el faltar a una sola de las sesiones provocaría perder mi lugar en la máquina de diálisis, así como el medicamento. Ella simplemente dijo que eso ya no será necesario.
Acabamos de perder 2 años de trámites engorrosos para conseguir una cita por un panfleto que aún no termino de leer.
10/Septiembre/2023
Las decisiones de mi madre van a matarme. Apenas hoy he tenido fuerza para sentarme en la silla de ruedas y teclear algo. Necesito los medicamentos, pero ella se ha negado a dármelos por instrucción del nuevo tratamiento. Comienzo a creer que se cansó de todo este mal chiste. ¿No era esto lo que quería?
11/Septiembre/2023
El dolor me está volviendo loca. Sólo quiero morir, por favor, sólo quiero morir.
15/Septiembre/2023
Por fin, algo de medicamento para este cuerpo corrupto. Un jarabe espeso de color negro. No he reconocido el frasco o de qué medicamento se trata, pero el dolor se ha calmado un poco.
18/septiembre/2023
El nuevo tratamiento comienza hoy. El doctor vendrá a casa. Por lo menos no tengo que ir más a ningún otro hospital.
18:30 pm
Dos hombres en bata blanca, casi idénticos, entraron por la puerta de mi habitación. Tomaron mi mano, mi pulso, revisaron mis ojos con una luz amarillenta, después mi boca. La mayoría de mis dientes se han caído. Los tratamientos agresivos me han despojado de mi identidad humana.
Y como si se tratase de un resfriado, me dieron nada más que aquel jarabe negro, inyectaron en mis venas un líquido transparente y me conectaron a un suero. Después de eso se fueron y me dejaron con otra correa más en mi cuerpo como si la máquina de oxígeno no fuera suficiente.
No me cabe duda, son charlatanes. Hasta este punto llegaste, mujer desquiciada, para mantenerme con vida. En parte espero el momento en que toda esta farsa termine en una sala de urgencias con doctores juzgando tus malas decisiones. Me gustaría ver ese momento de quiebre.
19/septiembre/2023
Tuve un sueño raro. Despierto en una sala de operaciones, desnuda. Puedo ver mi esquelético cuerpo. Mangueras conectadas a mis muñecas por medio de brazaletes metálicos que perforan mi piel, electrodos en mis sienes, en mi pecho y estómago. Tubos de oxígeno en mi nariz. Un líquido verde comienza a fluir por las mangueras que recorren mis venas, mi cuerpo. Me quema, grito para que se detenga. Los dos hombres observan monitores impávidos ante mi sufrimiento. Un hombre les da órdenes, yo lo miro, a él ni siquiera le importa que me estoy retorciendo de dolor. Logro emitir un gruñido, quiero que me mire y me desconecte, pero el sigue inmóvil, fijo en los datos del monitor. La conciencia se me escapa. El líquido entra en su totalidad y al desmayarme de dolor despierto en mi cama empapada en un sudor. Los gruñidos alertan a mi madre y ella corre a mi cuarto. Me arde la muñeca, justo como en mi sueño, pero no había heridas visibles.
«No puedo darte nada, los doctores lo prohibieron.»
El ardor continuaba.
“Cariño, debes ser fuerte”
La sangre me hirvió. Odio esa frase. ¿Qué más fuerte debo ser? El coraje se expandió en mi pecho, en la garganta y una arcada anunció el caos. Mi madre se levantó como acto reflejo, buscando el bote de basura, pero el vómito fue más rápido. Un líquido viscoso embarró mis labios, mi lengua y el piso. Al principio la oscuridad me hizo pensar que era sangre, oscura y espesa, pero para sorpresa de ambas era negro como el jarabe antes de comenzar el mentado tratamiento. El olor era intenso, agrío. Mi madre se apresuró en traer algo para limpiar esa inmundicia.
“Te daré ketorolaco y algo para que descanses. Intenta dormir.”
Después de mi pequeño cóctel y el ronroneo de la máquina de oxígeno logré volver a dormir y por suerte no volví a soñar.
18:30 pm
Los dos hombres en bata volvieron. De nuevo el catéter en las venas de la mano. Hoy tocó en la mano izquierda. Ya no tengo sensibilidad, así que me he acostumbrado a ese dolor. El suero de nuevo en conjunto de un licuado de medicamentos.
“Durará unas 5 horas. Puede haber malestar como vómito, dolor de cabeza y náuseas. Es normal”
Hoy no he tomado el jarabe negro.
No siento nada diferente en mi cuerpo. Un stand by mientras “los mejorales” que me inyectan hacen efecto. ¡Qué tontería! Quisiera saber cuánto dinero le están sacando a mi madre por este remedio “milagroso”.
Por ahora no hay malestar así que leeré un poco. Hace tiempo que no leo.
Hace tiempo que no hago nada más que existir.
21/septiembre/2023
La noche del 19 volví a soñar. Exactamente lo mismo. Volví a despertar alterada y culminó en un vómito prominente de baba negra. No pude dormir, el cuerpo me quemaba. Ardía en temperatura. Mi madre estuvo un rato al teléfono con esos charlatanes. Recuerdo poco, no puedo diferenciar entre el sueño y la realidad, pero en algún punto de la noche, el doctor, el de mis sueños, el que dirige a los otros dos, entró por la puerta de mi habitación. Tomó mi pulso y sacó un aparato pequeño y largo; metálico, como un termómetro. Lo puso en mi frente, vi un destello, después lo volvió a hacer en mi pecho y en el estómago. Lo guardó en una caja, como un pequeño ordenador, y tocando mi frente me dijo, “sólo un poco más”. Al poco tiempo caí dormida y no desperté hasta la noche del 20.
Un hambre me carcomía las tripas. Intenté gruñir en busca de atención. Llevo meses sin hablar. Estaba desacostumbrada a mi voz y vaya mi sorpresa cuando logré escucharme gritandole a mi madre.
Primero fue un gruñido, como los de siempre. La garganta se sentía distinta, mis pulmones generaban el aire suficiente para poder formular palabras. Volví a intentarlo, creando sonidos reales, ya no gruñidos. Poco a poco las palabras se fueron acomodando torpemente hasta que logré pronunciar su nombre. La sensación de la lengua rozando los dientes, tan común pero que al momento se sintió como si mi lengua no cupiera en mi boca.
Ella apareció al momento. Sorprendida, llorando.
«¡Mi bebé!»
Se abalanzó sobre mí, abrazándome.
«¡Cariño, está funcionando! Aguanta un poco más, sólo un poco más. ¡Ay mi amor! Te traeré algo de comer. Mi dulce bebé se va salvar, Gracias Dios mío, gracias”.
22/Septiembre/2023
Tuve otro sueño raro. Estoy caminando sobre el agua, una laguna. A lo lejos veo un bosque. Con cada paso, algo pestilente, negro, se desprende de mis pies desnudos. Mis manos también gotean. Peces mueren y salen a flote. La laguna, donde se reflejaba mi imagen, termina por ocultarse entre el líquido negro que supuro. En algún punto no puedo caminar más, el líquido es espeso, me hundo con cada paso hasta terminar ahogándome.
Después de eso no pude volver a dormir.
Tratamiento:
Hoy han venido “los gemelos”, así lo llamo de lo idénticos que son. Hay algo antihumano en ellos. Su piel blanca parece plastificada de lo perfecta que es. Dientes perfectos, cabello perfecto. Dos gotas perfectas, una a lado de la otra. No sonríen, sólo hablan cuando tienen que hacerlo.
En minutos montaron todo un equipo en la sala. Conectaron mangueras a unos equipos y después me han hecho aspirar algo. Pusieron sobre mi cabeza algo parecido a una máscara antigás. Encendieron el equipo y de las mangueras comenzó a salir un humo color amarillo. Me asfixiaba al inicio. Terminé por aspirarlo todo antes de terminar ahogándome. Al terminar me sentía mareada. Sentía que mis pulmones palpitaban. Intenté calmarme, aspirar aire de verdad.
“Debe descansar”
Se llevaron el generador de oxigeno y lo cambiaron por uno que generaba el gas amarillo. Colocaron mis mangueras a la nariz y me quedé ahí, tirada en la sala intentando no morirme. Dormí todo el día o, mejor dicho, varios días.
(…)
(*)Este cuento continúa en la página del autor.






Deja una comentario