Los pecados capitales son simplemente lo que, en el silo IV D.C., un sacerdote llamado Evagrio Póntico seleccionó como los peores vicios del ser humano. Ya después fue un Papa, Gregorio, quien los oficializó, pero esa es otra historia.

Son las manchas de la personalidad de un individuo, sus deseos incontrolables que a la larga conflictúan la vida de quienes los padecen. Pero, también, son imposibles de evadir. Los pecados capitales son innatos a los seres con pensamiento.

Cualquier especie, con un ápice de intelecto alto, ha demostrado presentar en sus actitudes los 7 pecados de la lista: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

Los monos, las orcas o los delfines han demostrado estar más cerca del ser humano por sus vicios que por algunas otras razones. Incluso la inmensa bondad de los canes se opaca por la gula o la pereza, demostrando que no es tema de humanos nada más, también es de orcas, delfines, monos… vampiros.

La gula y la avaricia son hermanas. Son una expresión de la misma necesidad en el ser: la atracción desmedida de lo que no es suyo. El individuo se mete al cuerpo con cierta desesperación el alimento que ya no necesita, el que le hace daño, atrae a su interior el vicio; mientras que la avaricia es mantener cerca lo que considera valioso, metales, piedras, papeles a los que les asignamos un valor, llegando al grado de tener vida de pobre por no perder lo valioso. Atraer lo externo que no es necesario para vivir.

El mito vampírico nació con la gula, un demonio que se alimenta de los humanos sin saciarse, devorando sin poder resistirse a su hambre. Es tal vez el pecado más acorde al monstruo de Polidori, un monstruo que se hace de cualquier herramienta para devorar, incluso la seducción. El vampiro tiene la peculiaridad de usar un pecado como herramienta para saciar a otro pecado: la lujuria a favor de la gula.

Pero desde Lord Ruthven hasta el Conde Drácula, el vampiro se ha asociado siempre con la fortuna. Incluso hay lógica con esto, si has vivido por siglos y no eres millonario has hecho algo mal. La fortuna no es mala, necesitarla y temer su ausencia es avaricia, es cegadora, es una vida de tortura interna.

De esta manera, los chupasangres se pueden definir como seres sin control de hambre de sangre y fortuna, y de la misma manera sufren una gran tortura física y psicológica al faltar ambas condiciones… como los humanos. Por eso hay hoy en día una especie de culto a este monstruo clásico, son tan humanos cómo ningún otro. Proyección de la buena, de la que pone en duda si somos los buenos en realidad.

Los pecados en general nos impiden ver la bondad de la vida misma, deseos absurdos que toman el lugar de cosas más sencillas, y, por tanto, que más llenan el alma ¿A qué me refiero? Los valores son el contrapunto de los pecados. Más satisfactores, pero más complejos. Estos sí son más cosa de humanos, menos vistos en la naturaleza. Pero puede más una hamburguesa que la prudencia, puede más una cuenta de cheques llena que la bondad. Puede más ese ensimismamiento que levantar un poco los ojos para mirar que hay otros que necesitan de ser reconocidos por nosotros.

La gula y la avaricia son esas hermanas peligrosas, que necesitan acaparar todo, que pululan egoísmo y desesperación, que no tienen las manos vacías para abrazar o ayudar a alguien a ponerse de pie, en todo caso para arrebatar; como lo haría un vampiro, un rico, un par de glotones peleando por la última rosquilla.

El trágico resultado suele ser poético, lo que suele ser la perdición de los vampiros son sus propios pecados. Tanta hambre y ambición que los lleva a la perdición, como a Drácula, quien nunca debió ir a Londres a intentar agrandar su imperio, quien debió controlar su hambre por Nina. Pero tendríamos otra historia de no ser así, quizá una más aburrida, menos famosa, con menos conexión con los lectores, ¿Quién sabe?, Quizá Drácula seguiría vivo. ¿Tú qué piensas?


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