Pedro Villegas Flores

A las tres de la mañana, la luna desplegaba su máximo esplendor, una imagen que contrastaba con la figura de Grift, tumbado sobre el césped con los ojos enrojecidos. Nunca antes había sufrido una derrota en combate, y ahora, por primera vez, sentía la amargura de la derrota y los colmillos rotos. Pero lo que más le hería era la pérdida de su Dulce.

Dulce, la doncella, poseía unos cálidos ojos avellana y una piel suave y clara. Su sangre se convirtió en un placer exclusivo para los vampiros, haciéndola un tesoro codiciado e intransferible entre los seres de la noche. Para Grift, ella despertó una avaricia desmedida, llegando incluso a considerarla su propiedad.

Grift la conoció como una mujer de rasgos finos y delicados, de una belleza vigorosa cuya sonrisa podía doblegar tanto a seres mortales como inmortales.
Transformarla sería un pecado ante sus ojos, así que le propuso un trato: su protección, su mansión y toda su fortuna a cambio de su sangre. La mujer aceptó.

Pasados un par de años junto al vampiro, Dulce, lejos de sentirse estafada, esclavizada o consumida, disfrutaba de los lujos que Grift le proporcionaba. El vampiro era culto, lo que garantizaba siempre una conversación interesante, y su castillo estaba equipado con todo lo que ella podía desear. Pero la comida… la comida era la verdadera jaula dorada.

Los más hábiles chefs, las carnes provenientes de los animales más imponentes, las especias exóticas y raras: todo se incorporó a la vida de Dulce, cortesía de su vampiro. Pero lo que Grift no previó fue cómo, a medida que ella ganaba peso, su sangre se tornaba aún más irresistible. Menos aún imaginó que con el tiempo, su amada se volvería más exigente en sus gustos culinarios.

Exigía porciones de carne de dimensiones monumentales, animales de rareza casi extinta y especias tan exóticas que apenas unos cuantos paladares las habían experimentado. La realidad era clara: la sangre de la mujer confería al vampiro un poder que lo llevaba a cometer actos atroces. Esto lo obligaba a eliminar a cualquier otro ser con colmillos que osara intentar arrebatarle a la doncella.

Sin embargo, llegó el día en que la gula de Dulce alcanzó un límite al pedirle probar la carne de un vampiro. Consciente de los problemas que eso podría acarrear o, como mínimo, transformarla, Grift se negó. Fue entonces cuando la mujer comenzó a envenenar su sangre con toda sustancia que disgustara al vampiro.

La sangre perdió su sabor, tornándose insípida y agria. Ante la ineficacia de súplicas y amenazas, Grift buscó desesperadamente a un cocinero con la habilidad de preparar la carne de un vampiro, pero no encontró a nadie que pudiera cumplir con tan inusual petición. Fue entonces cuando una anciana hechicera le ofreció un acuerdo.

Amarga, la vieja hechicera, que debido a sus pocas habilidades culinarias sobrevivía a base de pociones, le ofreció una solución. Grift narró su problema y ella propuso un encantamiento para que Dulce creyera haber comido vampiro a cambio de que él la transformara. Pero no cualquier transformación; sabía que los vampiros al convertir a alguien debían ceder parte de su fuerza, y por eso no habían surgido nuevos seres alados en las últimas épocas, pues a los vampiros no les agradaba ceder su poder.

Pasaron meses, y aparte de la solución de Amarga, Grift no encontró otra salida. Cuando Dulce enfermó por consumir cosas que dañaron su salud, Grift volvió a buscar a la hechicera. Acordaron un trato: a cambio de la mitad de su fuerza, Amarga salvaría a Dulce, le devolvería la salud y eliminaría sus ansias de probar vampiro.

Amarga dedicó semanas enteras al cuidado y aislamiento de Dulce, restaurando su salud por completo. Cuando se reencontraron, la doncella confesó a Grift que ya no ansiaba probar la carne de un vampiro. Fue en ese instante cuando Grift volvió a saborear la sangre de su amada, descubriendo una vez más lo que la hacía tan adictiva.

Sin embargo, llegó el momento de cumplir su promesa. Una vez transformada la hechicera, esta atacó. Se desató un enfrentamiento donde los años de experiencia del vampiro se equiparaban con las artes oscuras de la hechicera. Pero el punto de inflexión lo marcó Dulce al distraer a Grift, permitiendo así que Amarga le destrozara los ojos y los colmillos.

Grift intentó escapar, pero no logró alejarse demasiado. Lo hallaron postrado en el césped y, después de una espera prolongada, Dulce finalmente pudo satisfacer su deseo de consumir a un vampiro.

La avariciosa hechicera había pactado con Dulce, un acuerdo que quedó a medias, ya que ahora era ella quien se deleitaba con la sangre dulce de la doncella de costosos gustos.


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