Para este número del Nahual decidí reseñar un texto bastante grande pero que pertenece a una colección que muchos ambicionan, me refiero al número 65 de la colección Valdemar Gótica, La maldición de la momia: relatos de horror sobre el antiguo Egipto.

No sería la primera vez que al enfrentarme a una edición gótica temo que los textos de dicha antología apenas y logren atraparme por unas cuantas hojas y más si señalamos que este tomo cuenta con 652 páginas. Ya, anteriormente he reseñado títulos completos de esta editorial y me han dejado un muy mal sabor de boca, pero debo decir, con un suspiro de alivio, que esta no fue la ocasión. Si bien, cabe señalar, que escogí este libro a causa de mi nulo concomiendo donde la momia o el antiguo Egipto fueran los personajes principales fue gracias a Valdemar que conocí varios autores que me gustaría leer más adelante. También me di cuenta que hay tópicos que se repiten, los cuales ya iremos señalando. Debido a lo extenso que resultaría tratar cada uno de los cuentos, sólo haré referencia a los que, a mi parecer, fueron de mayor interés a mi lectura.

Comencemos diciendo que a diferencia de los cuentos donde el vampiro es el protagonista, el ambiente de estos textos es la arena, el calor del desierto o los pasillos de museos donde en la sala de Egipto se exhiben las figuras de interés de este texto. Los 22 relatos que conforman esta antología, no son del todo parte de la rama de literatura de terror. Si algunos tienen su excepción, en su mayoría, los textos nos narran las vidas pasadas de los protagonistas o las maldiciones con las que han tenido que cargar en una vida inmortal.

Tal vez sea que mi experiencia cinematográfica con la figura de la momia que me hizo suponer que este esperpento humano se dedicaría a asesinar a diestra y siniestra, pero vaya sorpresa me llevé cuando los autores de estos textos presentan a la naturaleza humana conviviendo con el ocultismo. Me explico…

El primer texto es un fragmento de lo que se conoce hoy como El libro de los muertos donde se encuentran sortilegios mágicos que ayudan al faraón en su camino al inframundo y así pasar con éxito el Juicio de Osiris. Como inicio me preocupó que fueran de esa índole los futuros textos, pero sólo fue escogido, pienso yo, a manera de ambientar lo que vendría más adelante.

Es así que, después de leer un texto un tanto más en la línea entre el ocultismo y creencias con respecto a la vida en la muerte, pasamos el primer cuento que se titula “Mi noche de año nuevo entre las momias” de Charles Grant. Este texto con tintes cómicos, nos relata cómo un turista inglés irrumpe en el banquete de fin de milenio de una familia de momias. Estas reviven cada mil años para convivir por una noche en sus aposentos reales y después volver a dormir otro milenio. Lejos de ser un texto de horror, es el texto que da pie a las siguientes narraciones que se conducirán más o menos en la misma línea.

Después nos saltamos a un autor que fue una grata sorpresa. “El anillo de Thoth” de Arthur Conan Doyle que nada tienen que ver con su famoso detective y que por el contrario nos hablan de difuntas civilizaciones, es un texto que habla de una antigua maldición y el descubrimiento del anillo es el puente para que el pasado resurja. El egiptólogo Deeping, quien se presenta como una eminencia en la materia es quien descubre el anillo, así como a la momia que se exhibe en el museo. Este anillo guarda un antiguo secreto que ha esperado hasta el momento de su aparición para ponerle fin a una maldición. En este cuento podemos apreciar una de las características que otros textos poseen, el cual es hacer referencia a vidas pasadas por medio de los flashblack de viajes astrales, recuerdos o sueños. Es el mismo caso para “Un profesor de egiptología” de Guy Boothby donde al igual que el cuento de Conan Doyle volvemos a ver al experto en la materia, una maldición que debe romperse, una bella mujer que es el centro donde se desarrolla toda la trama, así como la inmortalidad y la reencarnación.

“El pectoral del pontífice judío” también de Conan Doyle nos presenta un texto que salta un poco fuera de los tópicos señalados anteriormente para hablar de la otra vertiente por donde la trama se desenvuelve, el cual es, el robo de una reliquia de un valor incalculable. En este tipo de textos, permanece la figura de alto maestro en la materia, además de un detective que ayudará a esclarecer el robo y el ladrón de quien descubriremos su identidad al final del cuento. Si bien es muy de Doyle resolver casos con ayuda de un detective, otros autores también se verán tentados en usar esta fórmula narrativa dentro de la ficción/ realidad que plantean las reliquias de las pirámides. De esta misma índole es “La momia misteriosa” de Sax Rohmer donde el narrador es el personaje principal. El cómo es que se hace de estos objetos con la pericia de un experto saqueador de museos y el cómo burla a las autoridades es la trama que nos mantiene a la expectativa hasta resolver cómo es que se llevó a cabo el robo.

Una de las piedras angulares de esta antología es el texto de “La maldición de Amen-Ra” de Victor Rousseau donde se aplican prácticamente todos los tópicos de los que hemos hablando anteriormente: el presente en conexión con el pasado, reencarnaciones, el experto maestro, las momias que reviven, la bella sacerdotisa, etc. Pero a diferencia de los textos anteriores, este posee elementos de lo siniestro y terror que los cuentos anteriores no contaban. Si bien tuvimos que soportar aberraciones como una momia vampiro en el cuento “Historias de la casa Baelbrow” de E. & H. Heron, “la maldición de Amen-Ra” se toma su tiempo para plantear el ambiente, los personajes y la trama. Es así que nos parece sensato que momias anden por el pueblo atacando a los pobladores y las reencarnaciones de hijos de faraones que buscan redimir su pasado. Aquí también juega la locura que nos hace cuestionarnos sobre la veracidad de lo que dicen los personajes o si son los delirios de un loco. Otros cuentos donde lo sobrenatural es parte importante de la trama son “Escarabajos” de Tarleton Fiske, “Huesos” de Donald A. Wolheim y “La sonrisa púrpura” de José María Latorre.

En conclusión, realmente es una antología donde la mayoría de los textos son bastante buenos y que nos describen ambientes, personajes y eventos sobrenaturales donde los personajes deberán enfrentarse o perecer ante la fuerza del destino que los persigue. Si bien en un libro gordo, también es un manual para adentrarse a otro tipo de literatura donde los antiguos faraones permanecen en sus sarcófagos hasta que un despistado lector decide aventurarse en sus maldiciones.


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