El rey Licaón de Arcadia era conocido por sacrificar migrantes y niños en honor a Zeus, y comer de ellos para demostrar su devoción al rey Dios del Olimpo, a pesar de que éste condenaba el sacrificio humano y, sobre todo, el canibalismo. Cuando el Dios del trueno escuchó los rumores decidió ir a Arcadia para poner a prueba al Rey, pero Licaón lo reconoció, a tiempo, como un vagabundo que llegaba a la ciudad ¿Qué harías tú si te encuentras con Zeus? Obvio, lo mismo que Licaón: lo invitas a un festín para ponerlo a prueba dándole de comer carne de tu propio hijo. Y como era de esperarse, Zeus descubrió la trampa. El rey, desesperado, huyó por los campos de su reino, pero el Dios, sin problema y con su omnipotencia, decidió convertirlo en un lobo como castigo.
Es esta imagen, la de un rey corriendo por el campo desesperado, huyendo, convirtiéndose en un lobo con la luna de testigo, es la que inspira una de los críptidos más reconocidos mundialmente, más representados en el arte y, sobre todo, más temidos en la historia.
Pero, ¿qué hace que los hombres lobo sean tan importantes en la cultura mundial? Varios estarán de acuerdo conmigo en que representan el miedo más prepotente del ser humano. ¿Alguna vez has oído el argumento de “lo que nos hace diferentes a los animales es nuestra capacidad de razonar”? Bueno, pues un licántropo no puede razonar una noche al mes, la noche de la luna llena. Se vuelve una bestia agresiva, regida por los instintos de supervivencia, los cuales también tienen los humanos, por cierto. Devora la carne de su vecino, no reconoce a su familia, destroza a sus amigos y, según algunas historias, parece estar en celo descontrolado.
Claro, seguro uno que otro le temerá al hecho de ser destrozado por una bestia enorme, pero lo que hay detrás del miedo histórico es el perder toda humanidad y ser sólo un animal. Prepotente, arrogante, soberbio… características solamente humanas. Ok, no voy a negar que el nivel de razonamiento del ser humano es superior a los animales en general, y evidentemente eso nos hace diferentes a ellos, pero ¡Por favor! Solo nos hace diferentes, no mejores. Temerle a ser más animal que humano supone el hecho de ser superiores a ellos y, desde mi perspectiva, eso no es así. Tampoco insinúo que los animales sean superiores a los humanos, no, simplemente somos distintos e igual de relevantes entre todos los seres vivos.
El hecho está en que el ser humano, dentro de toda su grandeza, pierde de manera cotidiana su capacidad de raciocinio. Es mucho más común de lo que se cree. Ejemplo sencillo está en el deseo sexual ¿Cuántos podrán decir, con sinceridad, que no han tomado decisiones estúpidas por sexo? De entre todos los pecados capitales, la lujuria me parece la única que se sale del grupo. No la veo como un pecado, como algo que perjudique realmente a una persona o que deba ser castigado. Simplemente es una expresión natural del deseo sexual, del instinto de reproducción en la humanidad.
Hay casos que son, más que pecados, una enfermedad. La ninfomanía o la satiriasis son un descontrol de los deseos carnales, elementos que requieren fármacos y terapia, no un castigo divino. Aun así, hay infinidad de decisiones que no pasaron por la inteligencia y que llegaron al acto solo por la lujuria. Ha habido guerras, hombres y mujeres que pierden sus casas, familias y trabajos, vidas arruinadas.
La envidia es otro claro ejemplo en el que una persona se vuelve completamente animal. Desear algo que el otro tiene es, entre otras cosas, lo menos pensante que se me pueda ocurrir. Es absurdo por donde lo pienses, acepta tu propia realidad y tus alcances, tus limitantes y tus posibilidades, es lo más cercano a una persona madura, relacionada con la inteligencia. La envidia es por lo tanto la expresión de la estupidez ¿Dolió? Pues entonces no has entendido el punto: el ser humano no se acerca a lo más mínimo a ser perfecto, somos estúpidos por naturaleza, erráticos, somos emocionales e instintivos, guiados por mil cosas antes que por la razón, aunque nos esforcemos en negarlo.
En otras palabras, dentro del mito del hombre lobo, el hombre es lo falso, lo que desearíamos ser es el lobo y esa es la realidad, es lo que somos, aunque no queramos ¿Y saben qué? ¡Está bien! No pasa nada, acepta tus errores, tus faltas, tu estado animal, porque son reales, y nada, por más física cuántica que escribamos, nos lo va a quitar. Pero igual que el lobo, debemos vivir en manada, con respeto, amor y consciente de la importancia de los otros. Debemos protegernos entre nosotros y procurar la unión, si no, seremos un humano cualquiera.






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