Leonardo Sandoval Márquez
Si gloria es el fuego, dichoso el pecado,
los cuerpos desnudos abrazan su centro
llegando virtuosos los hombres obscenos
a luz del sol negro la moral se ha olvidado.
Sus pieles de lobo son rayos de plata
rompiendo al humano que portan sus almas,
y llegan con Príapo buscando a las liebres:
féminas rosas de labios calientes.
La cabra se inmola y otorga su sangre
marcando las frentes de hijos de la luna,
en búcaros leche y no queda ninguna
liebre sin jarra y lobo sin hambre.
Fauno su flauta sacude en la nota
da inicio a la caza, los lobos en guerra
persiguen a ninfas y hallan en sus sienes
la marca bermeja llena de laureles,
limpian con leche la sangre carnera,
es vino sensual, la carne despierta,
del lobo la lengua recorre a la libre
de cuello a caderas, de labios a piernas.
A manos atadas del árbol se cuelgan,
las fauces devoran sus formas primeras.
buscan adentro en cada sentido:
tocan el gusto y prueban el oído
más ven en las cuevas el húmedo incienso
y guardan en ellos duraznos y olivos.
Cansados los lobos al centro regresan,
del monte ya baja gloriosa Luperca
“son dicha de Rémulo y sangre de Remo,
beban de mi leche pues ese es su premio.”
licántropos todos pelean por un seno,
algunos se matan a garras o a besos;
y vienen las liebres a unirse al concierto
confunden los pechos con alzados miembros.
Nutridos de leche los lobos y liebres
Divisan al cielo el carro de Febo
Luperca le huye, termina su reino
Y vuelven las bestias a su humilde forma
De noche animales, de día son civiles,
Mas llevan consigo los pecados viles
Buscando otra luna, otra liebre, otra loba.






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