Francisco Araya Pizarro
En una metrópolis coronada por los neones de la Corporación MoonTech, un grupo de científicos tiene las evidencias de una antigua maldición que transforma a los humanos en lobos bajo la luz de la luna llena. Esta maldición/experimento genético, encerrada en un dispositivo conocido como el “Corazón de la Luna”, desencadenó una serie de eventos que llevó a una comunidad al borde del caos.
Todo comienza en las ruinas de una iglesia medieval del sur de Francia, donde encuentran anomalías genéticas en algunos de sus habitantes e incluso en las más antiguas osamentas; el equipo de científicos liderado por la renombrada bióloga Dr. Valeria Rojas, descubrió un dispositivo enterrado profundamente en las manos de un caballero. El dispositivo, conocido como el “Corazón de la Luna”, tenía inscripciones en un idioma olvidado. Con la ayuda de la experta en historia antigua, Lucía Torres, comenzaron a descifrar las inscripciones. La traducción dejó petrificado al equipo: “Este artefacto puede desatar una maldición ancestral”, murmuró Lucía mientras estudiaba los símbolos
Intrigado, el ingeniero Arturo Meneses, amigo y colega de Valeria, piensa que la mejor manera de profundizar en el estudio del artefacto es activándolo, presiona lentamente las piezas sueltas y joyas incrustadas que actúan como botones, pero al hacerlo, desataron algo más allá de su comprensión. Una grieta en la realidad se abrió, y desde ella emergió una figura imponente: un hombre lobo ancestral que había estado atrapado durante siglos.
“Gracias por liberarme”, rugió el animal, que observaba al grupo con una rabia sanguinaria. Buscando atacar apenas percibiera debilidad; como el miedo o algún movimiento en falso. Valeria y su equipo, ven que el lobo ataca a Lucía y a algunos de sus ayudantes, destrozándolos como muñecos de trapo, esparciendo sus rellenos de sangre por todo el lugar; Valeria queda cubierta por la sangre de aquellos que cayeron en las fauces de la bestia, horrorizados por lo que habían desatado, se dieron cuenta de que la única esperanza era cerrar la grieta y detener al lobo. Arturo tomó el dispositivo y desesperado trató de apretar los botones y joyas que componían, sin lograr nada, el lobo, al ver que Arturo levantaba ante él aquel artefacto, huye, desatando el miedo a su paso. En ese momento el colega de Valeria comprendió que la única esperanza para detener al animal radicaba en aquel antiquísimo artefacto. En ese momento, Arturo se puso en marcha diseñando la manera de recapturar al lobo, mientras los aldeanos formaron partidas de búsqueda para cazar al hombre lobo que se había escondido en el bosque. Armados con escopetas cargadas con balas de plata, dijeron: “¡Mon, Dieu!, ¡no podemos permitir que esta criatura nos domine!”.
En el bosque, durante la noche, los aldeanos seguían el rastro del hombre lobo, cayendo este de sorpresa sobre ellos, destripándolo con sus colmillos y garras, una escena digna del infierno de Dante, terminando con la huida del animal y las tripas de sus cazadores colgadas de las ramas, regadas con litros y litros de sangre, a medida que iban más partidas y mejor armadas, más era la ferocidad del animal.
Días después, Valeria sigue mentalmente convaleciente de la intensa experiencia que vivió en el hospital de la localidad, teniendo una pesadilla que recreaba el sangriento evento, una y otra vez, pero en un momento, todo se tornó en cámara lenta, donde veía los ojos rojos del hombre lobo. A medida que Valeria lo observaba, quedaba hipnotizada con su mirada y empezaba a ser poseída por una extraña sensación que enloquecía su vientre. De pronto, su mente empezó a producir la escena más extraña, ella vestida con un vestido medieval, caminando por los jardines de la iglesia abandonada, con una sonrisa juguetona y cantando: ♪ ♪ yendo en el bosque, viendo si el lobo está, ¿lobo está? … ♪ ♪. Mientras cantaba, se sentía un aullido lejano que se acercaba en los rugidos, de pronto, unas manos peludas toman las caderas de Valeria, que se emociona al ver al hombre lobo, como si fuera un amante. El cielo está oscuro, suena un trueno y cae la lluvia, en ese momento se sienten los jadeos de una mujer, es Valeria que está recostada en el altar de la iglesia abandonada y poco a poco siente que es empujada a sentir placer por el animal hasta quedar absorta, luego sus jadeos se convierten en gritos orgásmicos que terminan en chorros de sangre que la bañan como un rocío. De golpe, la mujer despierta dando un grito de horror, los médicos del hospital la van a ver preocupados.
Mientras Arturo entrega a militares y aldeanos de otras comarcas armas de rayos de luz ultravioleta y aerosoles con compuestos específicos, capaces de detener a los hombres lobo, advirtiendo que sean cuidadosos, los militares y aldeanos entran al bosque cuyo lugar se ha vuelto lúgubre a medida que se ha convertido en el cadalso de muchos hombres sacrificados ante los intentos sin éxito de detener a la bestia, esta vez estos hombres entraban con más confianza debido a que portaban armas hechas para detener al hombre lobo, sobre todo el comisario Delacroix, veía en Arturo un oportunista más que una ayuda, un hombrecito que con su ingenio intentaba ganarse el papel de héroe, cuando ese, según el comisario, debía ser de él. Cuando esta última partida de búsqueda se dirigía al bosque, Arturo iba con una mezcla de entusiasmo y preocupación, a sabiendas de cómo se encontraba Valeria en el hospital. En ese instante, Delacroix le corta el paso agresivamente y le dice: “Usted quédese aquí, Mon Amie, … Ya ha hecho suficiente”.
Mientras Delacroix y el resto de la partida se internaban en el bosque, la atmósfera se tornaba cargada a muerte, con una neblina espesa y el ruido de los fantasmas de las almas que en pocos días dejaron sus vidas en el bosque, bajo las garras de la bestia. De pronto, uno de los aldeanos detectó que una huella iba en dirección hacia una cueva. En ese instante, el lobo susurraba un rugido profundo. El comisario, con su aire altivo, junto con un militar y dos aldeanos, se adentraron valientemente y en el paso de unos minutos, se sintieron gritos de horror que eran aumentados por la resonancia de la cueva. En ese mismo instante, en el hospital, Valeria tiene la visión de esos hombres que son masacrados por la bestia.
Horas después, Arturo visita a Valeria en el hospital y le pregunta al doctor: “¿Cómo sigue ella?”.
“A pesar de que físicamente se encuentra bien, mentalmente está inestable, con muchas pesadillas, hace poco soñó que un grupo de hombres era masacrado por una bestia”, declara el doctor. Esto, siendo algo atípico de un hombre de ciencia, le da la impresión de que, de alguna manera, Valeria quedó enganchada mental y espiritualmente con la bestia. De esto, se le ocurrió una idea.
Al poco rato, Valeria está fuera del hospital y camina por el bosque, adentrándose a la cueva donde está oculto el lobo, ella lo llama con cierta familiaridad, mientras entre los arbustos, los aldeanos y militares siguen ocultos con las armas diseñadas por Arturo. Al entrar en la cueva, Valeria trata de persuadir a la bestia de acercarse a ella. En ese instante, la científica perturbada se saca la ropa, quedando desnuda, de pronto unos ojos brillantes aparecen en la oscuridad, el animal sostiene las caderas de Valeria con sus zarpas, ella le habla: “Tranquilo, mi amado, no te va a pasar nada, ya no te volverán a cazar, ahora somos tú y yo, mientras acaricia suavemente con sus manos al animal. En ese momento pasan varios minutos, hasta que el lobo grita violentamente y sale rápidamente de la cueva. En ese instante, le descargan varios dardos tranquilizantes entre balas de plata y armas de rayos ultravioleta que hacen retorcer a la bestia en el claro hasta que cae de golpe. Cuando eso pasa, Valeria sale de la cueva toda aturdida, con muchos rasguños y magulladuras en todo su cuerpo. El grupo de soldados y aldeanos se acercan al cadáver de la bestia con mucha cautela, finalmente, Arturo se acerca con la mirada de un cazador que ha logrado matar a su presa con éxito. La escena queda siendo propia de un cuadro, pero en lo que suceda a posteriori, deja muchas incógnitas, preguntas que no podrán ser explicadas racionalmente.
Después de semejante experiencia, el “Corazón de la Luna” es llevado a los laboratorios de MoonTech para ser investigado, junto con el cadáver del hombre lobo. Valeria, al no poder recuperarse de la experiencia, es internada en un hospital psiquiátrico. Los médicos descubrieron hace poco que está embarazada, y Arturo, dirigiendo al grupo de científicos que investiga el “Corazón de la Luna”, le advierte a uno de ellos que tantea los mecanismos del dispositivo: “¡Tenga cuidado con esa cosa!, ¡la última vez dejo un montón de muertos, si lo vuelve a activar, no se sabe qué otra cosa saldrá de donde salió ese hombre lobo!”.






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