Sigmund Freud propuso, hace ya un siglo, el concepto de “El deber ser”. Un concepto que trata de explicar cómo las expectativas sociales generan en el individuo una serie de normas y leyes que, de manera consciente e inconsciente, se vuelven una forma tiránica de vida.
¿Has sentido que, si no cumples con un buen trabajo, si no acabas la escuela, si no te casas, estarías decepcionando a tu padre y a tu madre? ¿Has sentido miedo de dicha decepción? Bueno, ese hilo de pensamiento es un efecto de “El deber ser”. Es la idea de lo que tú debes ser o llegar a ser según tus círculos sociales, y de no cumplir con ello, serás merecedor del rechazo, del juicio, de no recibir amor o valor alguno.
Resulta ser que este miedo al rechazo es un fenómeno extraordinariamente poderoso, tanto que rige de maneras terribles las decisiones, las emociones y la manera en la que percibimos los eventos a nuestro alrededor. ¿Qué mejor ejemplo puedo darles que el pensar de un ansioso? Si no triunfo, si no logro metas, si no compro cosas, si no genero, sino trasciendo, si no me caso, si no me aman, si no cumplo cualquier expectativa de cualquier otro, seré condenado al sufrimiento eterno, seré de lo peor, sin salvación ni perdón. Por lo mismo, solemos tomar decisiones para evitar esas consecuencias, para llenar esas expectativas que nos rodean, que no suelen ser nuestras, sino de alguien más: tu padre, tu madre, los vecinos, el banco, el gobierno, tu iglesia…
Somos seres que mantienen una mirada fija en un “Superhombre”, un individuo perfecto, sin errores, con ciertos aciertos, virtudes, ideas y formas de ser. Andamos en esta vida buscando llegar a ser ese ser, no nos detenemos, seguimos perfeccionándonos, creciendo, avanzando, logrando… pero nunca es suficiente, siempre se puede más, siempre la sociedad, ya disfrazada de una decisión propia, tiene más hambre, insaciable, de nuestros logros, de nuestras formas de pensar, de nuestras decisiones.
Nos volvemos muertos vivientes, con un solo pensamiento en nuestra limitada capacidad de raciocinio: tengo que cumplir con lo que se espera de mí. Y cual si fueramos zombies buscando cerebros, seguimos el olor del reconocimiento externo. No nos detendremos hasta que escuchemos de los demás un: “¡Sí! Así se supone que debes ser. Así como eres ahora, no necesitas ni más, ni menos”. Pero eso, lamento decirlo, no suele llegar a pasar, y si pasara, no sería suficiente para calmar un hambre que ya no tiene límite. Pues, aunque te pese aceptarlo, todos somos parte de esta horda de zombis. Si llegáramos a ver a aquel que no se rige de esta manera, seríamos los que juzgan y presionan para que lo cumplan, iríamos tras de ellos, cegados por nuestra propia hambre dispuestos a devorarlos o transformarlos en uno de nosotros, a asimilarlos en esto que todos “Debemos ser”. No hay nada peor que alguien que se sale de lo establecido. Es insoportable.
Todo lo que se supone que debes de lograr, que debes de pensar, y cómo debes actuar, es en realidad una imposición social e histórica, algo ajeno que invadió a la humanidad y moldeó esa forma de actuar, como un virus, o un hongo, incluso una maldición Vudú. Va en contra de todo lo que conocemos, y si alguien llega a pensar distinto, suele ser víctima de nuestro odio, de un enojo incomprensible: si no eres como yo quiero que seas, te desprecio.
Ha habido guerras, genocidios, homicidios, linchamientos, todo envuelto en un enojo general sólo por el hecho de que alguien pensaba distinto a nosotros, se veían distintos o sus valores eran diferentes. La gente se avalancha como zombie, no pensantes, iracundos, a destrozar todo lo que no soy, así ya no se sienten tentados o amenazados.
Es por eso que pocos deciden no ser muertos vivientes, deciden no razonar en ideas y expectativas propias.
¿Qué pasa si no tienes que cumplir todo lo que se espera de ti? ¿Qué tan terrible sería si no eres lo que esperaba tu familia, tus amigos, tu pareja? ¿Y si no tienes trabajo bien remunerado y vives en una playa pescando tu propia comida? ¿Y si decides no tener una pareja estable como se espera que la tengas? ¿Y si decides tener una identidad de género no pre establecido? ¿Qué pasaría si decides darle la espalda a la horda de come cerebros? Si tu respuesta fue: No pasaría nada malo, entonces ¿Por qué no lo haces?






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