—George Romero arruinó a los zombis—decía el oficial Dorantes mientras devoraba una dona de maple. Estaba sentado en el lugar del piloto, esperando a que algo los hiciera activarse.

—¿De qué hablas? — respondió el copiloto, el oficial Ríos mientras miraba a la calle, esperando ver alguna actividad sospechosa—Romero hizo el mito de los Zombis, no puede arruinar algo que él creó.

—Estás mal amigo. Los zombis son africanos, son un críptido vudú—dijo Dorantes mientras se chupaba los dedos y sonreía burlonamente, con esa superioridad del que cree saber algo que no saben los demás— Los chamanes, o como se llamen en esa cultura, llamaban a los muertos para que hicieran lo que ordenaran, pero eran personas normales, no se les notaba que habían muerto. Tenían sus recuerdos y su aspecto intacto, solo que cumplían las órdenes del hechicero. El mismo nombre Zombi es africano.

—¿Qué coño es un críptido?

Dorantes se burló ampliamente antes de responder—Son criaturas míticas o fantasiosas, como los zombis, pie grande, una versión que piensa tuya…

El oficial Ríos le dio un golpe en el hombro con una sonrisa—Idiota—susurró—Lo que no entiendes es que todo eso cambia. Se transforma y crece. Mira a los vampiros, cada cultura tiene una versión del vampiro y al final terminaron siendo jóvenes hormonales y pálidos que brillan en el sol ¿y sabes qué? Está bien ¿No te da flojera que todo se quede igual?

Dorantes se quedó pensando mientras miraba al horizonte, era el turno de su compañero de comer una dona. Las había hecho su esposa, era excelente en la cocina—Sólo creo que lo original debería tener más peso.

—Pero, aunque tenga más peso, no significa que sea mejor. Los cambios son importantes, es algo natural en la vida.

—¿Desde cuándo andas tan filosófico tú?

Ríos se quedó callado con el semblante apagado y tras unos momentos meditando dijo—Me estoy tratando de convencer.

—¿Por qué o qué?

—Mi hija quiso salir hace unos días con un muchacho. Mi niña… ¡Con un tarado que llegó a la casa de enfrente! No sabemos nada de él—Ríos guardó silencio—Además, no me agrada para nada que esté en esa edad.

—¿Qué esperabas? ¿Qué se quedara como bebé?

—Por lo menos cuarenta años—Ambos se echaron a reír, pero al cabo de otra pausa continuó—Es que cuando me enteré me enojé tanto, creo que nunca le había gritado así. Su madre me dijo que me iba a tener que hacer a la idea del cambio.

—Te dije, la primera versión tiene peso—dijo Dorantes agarrándolo por el hombro —pero lo sabemos porque hay versiones que nos lo recuerdan. Mira a Zack Snyder y su horrible versión de zombis en Las Vegas.

—¿Se supone que me estas reconfortando?

—Lo que quiero decir es que lo que sigue en tu vida, como padre, será difícil, poco agradable, tal vez te llene de orgullo algunas cosas o te den ganas de matar a uno que otro muchacho por ahí, pero la versión original nunca se irá. Tu hija podrá ser la novia de alguien, la amiga de otros, será la mala, la víctima y la heroína de muchas historias, pero nunca dejará de ser tu hija.

—Ahora tu eres el maldito filósofo—dijo Ríos a manera de agradecimiento. Guardaron silencio una vez más hasta que lo interrumpió con un—Snyder hizo una gran versión de zombis en “El amanecer de los muertos”.

—Es sólo una nueva versión de Romero y no me gusta—respondió Dorantes y ambos miraron a la calle.

La calle estaba tranquila, hacía algo de viento y en el cielo no había ni una nube de mal tiempo. Llevaban ya unas cinco horas de guardia y hacían esa guardia unas cinco veces a la semana. Las conversaciones ya eran cualquier cosa que les ayudara pasar el tiempo, por eso no le sorprendió a Dorantes cuando su compañero le preguntó— Si ahorita llegara una horda de zombis, ¿correrías o los enfrentarías?

—Depende.

—¿De qué?

—De cuantos son.

—Te estoy diciendo que una horda, un chingo.

—No… pues entonces, me voy en chinga—respondió Dorantes sin dudarlo más.

Ríos no se quedó conforme e insistió — Sí, pero tu familia está en dirección de donde caminan todos.

—Con mayor razón. Huyo para estar con ellos y juntos tratar de sobrevivir ¿Qué? ¿Tú si los enfrentas?

—Pues claro, cabrón. ¿Con quién crees que tratas?

Antes de que pudieran continuar, un chasquido los interrumpió, miraron al frente: un hombre de pie estaba justo frente a ellos. Caminaba con lentitud y sostenía un brazo cercenado mientras lo mordía y masticaba sin preocupación alguna—Bueno…—dijo Dorantes—Por más que me pese, voy a admitir que Romero tenía razón.

Ríos tomó la radio—Cierto—dijo antes de iniciar el intercomunicador—Base, aquí vigilancia del sector dos. Tenemos un caminante en plena calle principal—Guardó silencio para mirar fijamente a donde su compañero le señalaba—Corrijo, tenemos un grupo grande. Creo que hay que prepararse, cambio. —Esperó la confirmación de la base —y tienes razón,cabrón, hay que correr—Dorantes encendió el auto, pero Ríos lo detuvo—Déjame manejar, cámbiate.

—¿Qué? ¿Por qué?

Mientras cambiaban de lugar Ríos dijo—Me voy a imaginar a ese estúpido chico en cada uno de esos zombis, de verdad espero que él sea uno de estos.

—Eso, muchacho—dijo Dorantes—Desquítate con ellos, desquítate… que para eso están.

Y comenzaron el recorrido a alta velocidad en dirección al refugio que había construido un grupo de sobrevivientes al que pertenecían. No antes, claro, de arrollar unos cuantos caminantes en el camino.


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