Carlos Enrique Saldívar

Nadie sabía su verdadero nombre, eso hubiera implicado que conocieran su identidad secreta, sin embargo, aquello era un enigma, al igual que mucho de lo concerniente a él. Incluso se desconocía el alcance real de sus poderes. Era el superhéroe definitivo, el más grande de la historia. El arte y la creatividad mortal nunca diseñaron a un ser tan perfecto. Las personas lo llamaban «El Contenedor». Sabían que su habilidad radicaba en tener dentro suyo lo que fuera. Usaba un traje blanco en el torso y el abdomen rojo en las extremidades; sus botas eran de ambos colores. Era alto, atlético, moreno y de cabello ensortijado. No usaba guantes ni máscara. Cuando alguien necesitaba de su ayuda, el blanco de su pecho brillaba y se le abría un agujero, desde allí sacaba armas o herramientas con las cuales solucionar el problema de turno. Dicen que tiene de todo en las entrañas, eso podría ser verdad: de ese hueco, que da al interior de su cuerpo, ha extraído artefactos de los más inesperados, desde vehículos para maniobrar, alas para volar, bolas de plasma para disparar, aunque siempre ha actuado con cuidado, de este modo no lastima inocentes ni daña los rincones de nuestro planeta. El Contenedor es asombroso.

Podemos verlo ahora gracias a la labor de la prensa tras los huracanes que asolaron el sur del Perú. Las zonas más afectadas fueron Arequipa e Ica. Ha hecho un gran trabajo en Arequipa, ahora sigue con la otra región. Pisco ha quedado en gran parte desolada. El Contenedor ayuda con eficacia a los supervivientes. Camina junto a unos niños que están emocionados por tenerlo cerca. Del hoyo de luz, ubicado en su pecho, extrae toda clase de cosas: medicinas, ropa, alimentos… esto nos ahorra diversos viajes, pues las donaciones del interior del país y de otros lares han tardado en llegar, la burocracia es terrible en nuestra nación, pero los compatriotas se han unido, inspirados en la obra del guardián de la Tierra. Los superhéroes son símbolos que representan varias cosas estupendas: solidaridad, valor, honor; es increíble ver cómo, gracias a la unión de los peruanos y el apoyo extranjero, salimos poco a poco del caos. Aunque hubo muchas víctimas mortales, los sobrevivientes fueron puestos a salvo. Las labores de reconstrucción de la ciudad se iniciarán en breve; de momento, queda ayudar a los heridos y a los que perdieron sus bienes, incluyendo sus residencias. Los huracanes no son comunes aquí, el cambio climático ha provocado que los desastres naturales aumenten en los últimos años. Por fortuna, tenemos a El Contenedor; después de haber derrotado a todo aquel que amenazaba el globo, sigue salvando a la gente del enemigo más grande que existe: los fenómenos atmosféricos. Es maravilloso, del interior del superhéroe salen árboles que producen frutos, los niños están comiendo. La situación aquí está controlada, el lugar ya es seguro, seguiremos informando.

Me gustaría decir tu nombre, pero sé que no lo tienes; tranquilo, los demás se fueron, estamos solos. Es sabido que eres amable con los mortales, me cediste tu tiempo, aunque te arrepentirás de hablar conmigo. No te intimides, soy un hombre anciano, no soy como ese supervillano al que derrotaste, «El Devastador», que utilizaba poderes sónicos y caloríficos para destruir grandes extensiones de terreno. Usaste sus poderes en contra suya, hiciste que se quedara sin suelo y cayera, de esta forma murió. Sacaste de tu interior un aparato que le desvió sus ataques, muy inteligente. Todos te felicitaron. Derrotaste a una amplia gama de adversarios. Eres el único «héroe» que nuestro mundo ha tenido, nunca hubo otros, y yo sé por qué: no sabías cómo encajarlos en tus planes. La revelación te da nervios, ¿cierto? Debe resultar extraño para alguien que siempre ha tenido el control de todo. Tú, siempre fuiste tú. Esos criminales con dones extraordinarios salieron de ti. Tus poderes consisten en liberar de tu ser cualquier cosa que tú mismo consigas pensar, pero no las creas en tu mente, existen en ti: hay criaturas vivas, objetos, sustancias, estructuras, planetas, galaxias, universos enteros dentro de tu cuerpo. Lo sé, conozco tus secretos, muchas veces has sacado seres humanos de tus adentros, yo fui uno de ellos; al contrario de los otros, una pequeña fracción de tu cerebro se quedó conmigo, digamos que soy tu consciencia, adquirí tu mente. No se lo diré a nadie, no me queda mucho tiempo, solo quería que oyeras esa verdad que tanto niegas, que no quieres enfrentar. Tú concebiste a los malditos que derrotaste, debido a sus actos hubo muchas muertes, y el público te aplaudió. Tú creaste las tragedias naturales que barrieron parte del globo, luego estuviste ahí, para los damnificados. Me pregunto de qué más tuviste el control, especularé: todo, desde el inicio de los tiempos, es obra tuya, quizá el tiempo mismo, y antes de conocer tus capacidades vivías en un no tiempo. Inventaste la idea de superhéroe y te convertiste en uno. Debe resultar genial sentir los clamores, la admiración, el amor de las personas… y ha de ser triste, en especial cuando vas a dormir, saber que fuiste tú quien los hizo sufrir tanto. Parece que deseas matarme, pero te contienes, no hace falta. Estás en tu ocaso, ya no sabes qué hacer, meditas y nada se te ocurre. Ahora te diré algo en lo que seguro has pensado; lo gritaré, a ver si reaccionas: ¡NO ERES UN HÉROE!

El anciano se fue con lentitud haciendo marcas en la arena con su bastón. El Contenedor miró a los individuos que se movían como hormigas a la distancia. Sentía una rabia ligera, se dijo que era tiempo de pensar en otra cosa. Miró hacia el cielo, abrió su pecho, cogió la tierra, el aire, las nubes, la vida. Atrapó los planetas, el sol y más; lo puso todo dentro de sí. Solo quedó un vacío negro en el que flotó dormido. Tal vez el reposo le daría nuevas ideas.


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