Esta maravillosa serie animada de DreamWorks, que llegó a Netflix en 2020, se basa en un webcomic de Radford Sechrist. La protagonista, Kipo Oak, es una chica optimista (quizá demasiado para un apocalipsis) que debe sobrevivir en un mundo postapocalíptico repleto de animales mutantes gigantes y sociedades que parecen sacadas de una mezcla entre un zoológico y un festival de música alternativa.

A diferencia de las distopías comunes donde todo es gris y deprimente, en Kipo, el mundo postapocalíptico es un carnaval de colores, con una naturaleza exuberante. Por supuesto, la humanidad ha caído en desgracia y ha tenido que refugiarse en las profundidades de la tierra, impidiendo que sus habitantes salgan a la superficie para preservar la especie.

El detalle interesante es que este caos de flora y fauna no está ahí solo para embellecer; es una gran metáfora. En esencia, la humanidad intentó ser la dueña del planeta y… bueno, el planeta dijo “hasta aquí llegamos”. Ahora, la naturaleza tiene el control, y los humanos deben adaptarse o quedarse en sus bunkers subterráneos mirando las paredes… bueno, no tanto así, pero la humanidad ha dejado de ser la especie dominante y, por lo tanto, su vida debe llevarse a cabo en estos bunkers con las limitaciones que eso conlleva.

Uno de los temas más potentes de la serie es el clásico conflicto “nosotros contra ellos”, solo que aquí el “ellos” son hámsters gigantes y mandriles con complejo de Napoleón. El villano más icónico, Scarlemagne, es un mandril lleno de drama que termina por empatizar con el espectador. Su rencor hacia los humanos tiene razones de peso, lo que lo aleja del típico malo malvado sin motivo. Es un recordatorio de cómo el dolor y el resentimiento pueden generar ciclos viciosos de odio.

Kipo es una serie sobre identidad, diversidad y, sobre todo, aceptación. Es la personificación del “vamos a llevarnos bien”. La protagonista, con su personalidad radiante, alegre y optimista, brilla en medio de este mundo caótico. Busca que humanos y mutantes convivan en un solo mundo, pero claro, no es tan fácil cuando unos te quieren comer y otros te quieren esclavizar. La serie muestra que cambiar el mundo no se trata solo de tener buenas intenciones; también hay que lidiar con miedos, prejuicios y un montón de malentendidos.

En resumen, Kipo y la Era de los Magnimales es una aventura salvaje, divertida y sorprendentemente profunda. Te hará reír, reflexionar y, quizá, preguntarte si tu gato está planeando dominar el mundo. (Probablemente sí.)


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