
Enfrentar el miedo ha sido, quizá desde siempre, una de las tareas más complejas del ser humano. En esta edición número veinte de El Nahual Errante, nos adentramos en ese territorio inquietante, muchas veces irracional, que habita en las sombras de la mente: las fobias.
Este número es, en cierto sentido, un ejercicio colectivo de introspección. A través de relatos, ensayos, crónicas y memoria personal, las colaboraciones aquí reunidas trazan un mapa de miedos diversos: algunos cotidianos, otros extraordinarios; unos con nombres definidos, clínicos, y otros más escurridizos, que se ocultan bajo el disfraz de lo social, lo cultural o lo íntimo.
El texto de Miguel Ángel Díaz, por ejemplo, nos confronta con una fobia que va más allá de lo individual: el miedo a la crueldad humana, a lo que somos capaces de hacer los unos a los otros cuando fallan la justicia, la compasión y la memoria. Por su parte, Florencia Frapp nos invita a pensar en la melofobia —ese rechazo visceral a la música— como un síntoma complejo, que puede esconder tanto trauma como crítica cultural. Escoria Medina nos comparte una mirada aguda y provocadora hacia los mecanismos de la literatura comercial y la experiencia lectora atravesada por el desencanto. Y Leonora Zea nos abre las puertas a un testimonio íntimo donde la ansiedad social se vuelve cuerpo, silencio, temblor… y también resistencia.
Las fobias son una puerta hacia lo que no entendemos del todo, pero también hacia lo que más nos define. Muestran las grietas en nuestra idea de control, revelan las marcas de una sociedad herida y, en ocasiones, permiten explorar los límites de la empatía y la humanidad. Lejos de banalizarlas, los textos que componen esta edición las abordan con honestidad, con humor, con crudeza y, sobre todo, con la convicción de que nombrar el miedo ya es una forma de enfrentarlo.
A veinte números de haber comenzado este camino, agradecemos a nuestras lectoras y lectores por acompañarnos en esta travesía errante. Que estas páginas sirvan no solo como un espejo, sino también como una linterna.
Consejo Editorial






Deja una comentario