En ocasiones, cuando debo escoger un texto para criticar o recomendar me arriesgo a una ruleta rusa donde puedo encontrar un excelente texto o donde de plano todo sale mal. Cuando se cumplen varias características como: libro de más de 500 páginas, éxito en ventas, una película de por medio que, además, fracasó en taquilla y única novela del escritor, todo indica que será una novela tortuosa, larga y de anécdota predecible. Y después de conseguir La mujer en la ventana de A. J. Finn en una librería de viejo y terminar odiándola por completo, no queda más que cuestionarme ¿por qué la escogí? Bueno, culpo completamente a Gemini por recomendarme tal atrocidad para poder hablar de fobias en este número.

Ya sea la película o la novela, la sensación de ser estafado es la misma. Como protagonista tenemos a Anna Fox quien padece de agorafobia como consecuencia de un evento traumático y ahora vive recluida en su casa espiando de manera obsesiva a sus vecinos. Obviamente, no sabremos hasta por la mitad de la novela qué fue ese evento traumático que la tiene encerrada en casa. Esa premisa es el tema secundario que se va a ir aclarando capítulo tras capítulo, pero lo que nos tiene “pegados” a la lectura es lo acontecido con sus nuevos vecinos donde MUY probablemente sucedió un crimen.

El texto nos dirige al muy clásico estilo de la novela psicológica donde tendremos dos vertientes: lo que el protagonista vio o experimentó y podría ser real o lo que el protagonista está alucinando. Se nos presentan dudas, pruebas para que alternemos entre las dos posibilidades hasta concluir en la verdad. Esta receta, ya experimentada por muchos, tiene su chiste, como el mismo acto de escribir. No se puede pensar que al recrear una receta con los mismos ingredientes salga un platillo de la misma calidad de un restaurante 3 estrellas Michelin. Todo depende del chef, y en este caso, es aquí donde la pericia del escritor debe sobresalir de otros del mismo género, pero A. J. Finn sólo tomó elementos de sus películas favoritas de Thriller estadounidense y al mismo estilo de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock, sin lograr siquiera una pobre imitación, nos presenta un texto predecible. La novela repite con fidelidad cada ingrediente del best seller contemporáneo: capítulos breves, cliffhangers, una protagonista traumatizada y una revelación final que supuestamente lo cambia todo.

Anna Fox, lejos de lograr que el lector conecte con su dolor termina siendo un conjunto de malas decisiones que en más de una ocasión me hizo cerrar el libro, tomar aire y continuar la lectura o de plano cuestionar: “¿mujer, pues qué esperabas que pasara?” Como psicóloga infantil y que un adolescente la engañara con tanta pericia le da una terrible reputación. Su alcoholismo y su nulo pensamiento lógico es otro elemento que no ayuda a la lectura. No hay un solo elemento para decir, sí, claro, la mujer está en sus cabales y no está alucinando y justo la falta de elementos para dudar es lo que nos hace cuestionarnos justo lo contrario. En pocas palabras: por el bien de la trama, todos los demás deben estar equivocados o esto se va a ir al traste.

El único momento de acierto y que de ninguna manera me lo esperaba es el relacionado con la familia de Anna: el modo en que el autor deja caer esa verdad oculta logra, por un momento, sacudir el andamiaje previsible de la historia y añadir un grado de profundidad emocional genuina. En ese punto, por fin, podemos entender en qué grado Anna se encuentra traumatizada y el dolor emocional que la tiene enclaustrada, pero el escritor decide que también, en ese momento, todos los demás protagonistas decidan que la mujer está loca y no se le puede creer nada de lo que dice.

Cuando Anna reflexiona: No están aquí. No han estado aquí durante mucho tiempo. Todo esto lo he hecho sola1 , el lector comprende la culpa que la carcome y lo mucho que extraña a su familia, logrando entender un poco del caos mental en que se encuentra el personaje. El autor en ningún momento nos dio pistas para imaginar tal suceso por lo que al descubrirlo sí es una sorpresa que después de analizar los diálogos entre la hija, el esposo y la protagonista, termina siendo una estafa más.

El final se revela y sólo podemos decir “lo sabía”. Claro, tenía que ser el adolescente ¿quién más? Se nos presenta como un alma torturada que no toma postura en ningún momento y quien podría ser el más afectado de las decisiones de todos los adultos a su alrededor. El chico deja ver su verdadero rostro y descubrimos que es un psicópata y que la actitud de sus padres sólo era para proteger a Anna de su adolescente caótico… Ajá… Y entonces una secuencia donde la protagonista debe luchar contra su agorafobia se presenta concluyendo así con la historia y con el villano de la novela. No me queda más que decir que La mujer en la ventana es otro best seller sin mayor relevancia, entretenida para los que nos son fan del género, odiosa para lectores más experimentados, ofreciendo poco o nada de otras tantas novelas de lo mismo. Otra ventana donde volvemos a mirar exactamente lo mismo una y otra vez.


  1. Finn, A. J. (2018). La mujer en la ventana (I. del Valle, Trad.). Grijalbo. ↩︎

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