El miedo a la naturaleza ha acompañado al ser humano desde los orígenes de la palabra. Temimos al rayo, al silencio del bosque, al rugido de los animales y, con el tiempo, disfrazamos ese miedo con explicaciones filosóficas, religiosas o científicas. Sin embargo, como lo demuestran los textos de este número, lo salvaje nunca ha dejado de habitarnos.

En Natura macabra, Miguel Ángel Díaz nos recuerda que Horacio Quiroga entendió como pocos la indiferencia de la selva ante la vida humana: la naturaleza no juzga, no castiga, simplemente sigue su curso. Por su parte, en la sección de Amoxtli, en Aprender de la naturaleza y del anarquismo leyendo Cuentos de la selva…, traza un puente entre la obra de Quiroga y la teoría del apoyo mutuo, subrayando cómo los animales de sus relatos encarnan la resistencia frente a la voracidad del hombre.

Desde otro ángulo, Escoria Medina, en Légamo: la selva de concreto, nos enfrenta con la hostilidad urbana: la ciudad, tan viva como la selva, devora a quienes la habitan con la misma ferocidad que un jaguar acecha a su presa. Y Florencia Frapp, en Más allá del sonido: narrativas visuales en el dream pop, explora cómo la música es capaz de recrear atmósferas que nos conducen a paisajes oníricos donde lo natural se vuelve inquietante. Finalmente, Leonora Zea, en En el monte, recuerda que ni la experiencia personal escapa a esa naturaleza que castiga sin advertencia y que, como todo organismo vivo, nos recuerda nuestra fragilidad.

Este número de El Nahual Errante rinde homenaje a Quiroga, pero también plantea una reflexión urgente: ¿qué nos aterra más, la crueldad de la selva o la indiferencia con la que el mundo natural nos observa? Hoy, frente a un colapso ecológico cada vez más tangible, ese miedo adquiere un matiz distinto: no solo tememos a las fieras, sino también a la posibilidad de que la tierra simplemente siga sin nosotros.

Tal vez ahí resida la lección más importante: la naturaleza no exige perdón ni disculpas. Solo presencia, respeto y coexistencia. Todo lo demás —las palabras, los mitos, los ensayos— son intentos humanos por disfrazar lo inevitable: seguimos siendo parte de ella, seguimos siendo bestias, solo que con más excusas.


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