*Las opiniones aquí vertidas son de exclusiva responsabilidad de quien la emite y no representa necesariamente el pensamiento colectivo de la revista El Nahual Errante*
Según los diccionarios una fobia es un miedo irracional y persistente a una situación, objeto o animal, que paraliza y entorpece el actuar de un individuo. Viendo el significado generalizado, me surgió una duda ¿Puede un miedo racional ser una fobia? Bueno, estrictamente hablando no, pero hay miedos racionales que pueden tener las mismas limitantes que los miedos irracionales.
Debo confesar que al inicio esta columna iba por otro camino, pero en los últimos días una noticia golpeó sin piedad a mi país. En Teuchitlán, una localidad en el estado mexicano de Jalisco, se descubrió una hacienda con evidencias suficientes para afirmar que era un centro de exterminio de algún grupo de delincuencia organizada. Se hallaron restos humanos, ropa, cartas de despedida… Nunca antes una pila de zapatos provocó tanta indignación, o tanto miedo.
Es inimaginable lo que sucedió ahí, dicen, pero yo creo que el problema es que sí es posible imaginarlo y por eso aterra. Se puede imaginar la tortura, las horas de incertidumbre y agonía, el nivel de desolación que orilla a alguien a escribir una despedida definitiva, el abuso, la violación, la violencia, la humillación, el dolor. Todo eso es perfectamente imaginable porque, como sociedad, estamos normalizando de manera trágica estas situaciones.
Un pensamiento se repite sin parar en mi mente cuando vuelve la noticia a escucharse en los medios de comunicación, en las pláticas cotidianas, en redes sociales: que puto miedo.
Me da miedo saber que existen personas que analizan y organizan en una hacienda un centro de exterminio, como si de un campo de concentración nazi se tratara; que se aprovechaban de la necesitad económica de las victimas poniendo anuncios falsos de trabajos para atraerlos; que utilizaban el lugar como escuela para crear nuevos delincuentes, muchas veces sin opción a negarse; que le llamaban el kínder de forma irónica; que esto le puede pasar a cualquiera: a un joven de 16 años que esperaba ganar dinero pintando una casa para pagar su escuela, o jóvenes madres que trataban de alimentar a sus hijos. Me da miedo saber que le puede pasar a un vecino, a un amigo, a un familiar, a mi pareja.
Investigué, no hay una fobia a la maldad humana ¿Saben por qué? Porque no es irracional ¡Tiene todo el sentido del mundo! Es lógico temerle, pero este miedo dificulta desarrollarse, un simple ejemplo: mi hermana, psicóloga, rechazó en estos días una posible terapia a domicilio por miedo. Cito literalmente: “¿Y si me matan?” Tengo que aclarar que hasta hace unos días las sesiones a domicilio eran normales, ahora se sienten peligrosas.
Me atrevo a considerar el miedo a la crueldad humana, a la maldad, a lo terrible que pueden llegar a ser algunos semejantes a nosotros mismos, como una fobia. No sólo como una fobia más, sino como la única racional, lógica y congruente, la Ponerifobia. Del griego Fobia que significa miedo, y Poneria que significa maldad o perversidad.
En Jalisco se ejemplificó algo que, en realidad, es sumamente sabido, es cuantificable en la historia, por eso sé que sí podemos imaginar lo que pasó en esa hacienda: pasó lo peor del ser humano. Y seguirá pasando en otras haciendas, en la inacción del gobierno, en la corrupción, en las guerras, en las cárceles, en las vidas de cada uno de nosotros.
El ser humano es un monstruo, no me queda duda, capaz de imaginar lo más doloroso por el simple placer de disfrutarlo, a costa de la inocencia de otros, por dinero, por sexo, por poder. No hay, en ninguna otra especie, esa capacidad de generar un infierno real, tangible, como el que puedas imaginar viendo esos zapatos apilados en Teuchitlán.






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