Luis Yong
Para que sepas que este procedimiento quedará bien documentado, las cámaras están preparadas y me servirán de apoyo visual para que quede constancia de todo esto. Veo que estás sudando. ¿Son los nervios o es ansiedad? Relájate, no te agites tanto, vamos. Acá tengo un paño. Te secaré un poco.
A ver… Me presento: soy el doctor Teo Bonpland, pero puedes llamarme Teo, no me molesta si me tuteas. ¡Ah, cierto! No puedes hablar. Mis disculpas, es más seguro para mí mantener amordazada tu boca. Así debe ser; entiende… Ya déjate, no te alteres.
Como pienso en todo, añadí una capa adicional de comodidad para ti. La formalidad me parece odiosa cuando compartimos un momento tan íntimo. ¿No te parece, Laura?… ¡Ah! Perdón, sujeto. A veces los rostros se me confunden.
En aquel aparador que estás viendo hay una planta llamada «Cestrum nocturnum». Le dicen Dama de noche. Sentirás su fragancia dulce, es para que te relajes antes de inocular la droga en ti, ¿vale? Algunos perciben su aroma como una presencia melosa cuando llega a la nariz, y si tienes alergia a estos aromas quizá una ligera náusea te invada, pero… dudo que te afecte. Resultará una delicia para tu olfato.
Veamos… sí, todos los implementos están dispuestos en su lugar: sobre ti están estas luces tenues para que no incomoden tus ojos. Gradué el termostato a unos dieciocho grados Celsius. Además, con este ecógrafo de mano conectado a mi teléfono móvil, monitorearé tus entrañas.
Y bueno, primero lo primero. Voy a insertar esta sonda G que te estoy mostrando. Lo dejo por acá.
Ahora, con este bisturí, estoy haciendo una pequeña incisión en tu abdomen, cerca del ombligo… ¡Si sigues sacudiéndote, podría lastimar tus músculos abdominales!
Ahí está el estómago. Ahora realizo una perforación por acá, e… inserto lentamente la sonda… y… listo, conectado. Ya podré alimentarte por allí.
Lo sé, algo incómodo. La cuestión es que, como estarás unos días reposando en esta camilla, tendrás dificultades para nutrirte.
Vamos a hacer algo: para que los nervios no te asalten, te voy a enseñar las herramientas que usaré en ti, todo ajustado a los protocolos básicos, eso sí. Te confieso que es lo más próximo a una intervención quirúrgica: acá tengo la jeringuilla con la droga vegetal diseñada por mí. Es un aceite concentrado. No te preocupes, como botánico escogí cuidadosamente las plantas que me aportarían la química necesaria para desarrollar esta droga. Sabes, parece mentira, pero el reino vegetal no es distinto a nosotros, fíjate que también tienen necesidades y hasta emociones. No sabías eso, ¿verdad?
Pues, como observarás, esto es un tubo endoscópico. Si supieras que tuve que sobornar a un enfermero de la clínica para que me consiguiera uno para mi propósito. No te preocupes, le realicé unas mínimas adaptaciones para que se ajuste al diámetro de tu canal nasal, para no incomodarte y para que se mueva a través de tu tráquea con fluidez, ¿me explico? Y como te dije, cuando lo inserte, la droga ya habrá hecho su efecto… ¡Eso espero!… ¡No me mires de ese modo, fue una broma! La droga sí es efectiva.
¿Te preguntarás por qué hago esto? La cosa es que, hoy en día, la botánica no es valorada como es debido. Y las corporaciones prefieren otras ramas donde el lucro sea inmediato. ¡Ah! Y me negaron la publicación de mis artículos científicos tres veces. Tres. Ya verán esos simplones que no soy un charlatán.
Y por último, lo que considero elemento fundamental… Sí, lo sé, disculpa, tú también eres un elemento fundamental. Borra esa desconfianza de la cara. A veces dejo que la emoción me despiste un poco, y bueno, suelto palabras que hieren susceptibilidades.
Como te decía, lo que ves en mi mano izquierda es un recipiente. Dentro hay algunas semillas de la especie «Cytinus ruber» e intento que esta belleza florezca en un hábitat no convencional, y en treinta días, más o menos, quizá la respuesta se desvele en ti.
Hay una cuestión que debo confesarte sobre la droga: sí es aletargante, y la sensación de dolor estará bloqueada, aunque sentirás algunas inserciones incómodas en tu cuerpo, y estarás consciente en todo el procedimiento. Debe ser así. Te explico: quiero que respires con naturalidad para que tus pulmones… ¡Ya, ya, no es para que te pongas así!… Es para que tus pulmones expulsen dióxido de carbono puro. Esto es para que la semilla se desarrolle a plenitud. Solo palparé tu interior, nada más. Te aseguro que será soportable. Así que necesito tu colaboración y no te resistas para que todo salga a gusto, ¿bien? Lo siento… en realidad miento con frecuencia. Es más eficiente. ¿Sabes cuál es la diferencia entre una mentira piadosa y una experimental? La documentación.
Ahora abro tu párpado izquierdo… ¡no lo cierres, carajo! Harás que la aguja se desvíe y se clave donde no debe. Solo es un pinchazo en tu globo ocular. Ya, ya, no te revuelvas. ¡Cálmate!… Perdona. No debería alterarme. Vaya, creo que olvidé tomar mi dosis de benzos.
La droga tardará unos diez o quince minutos en hacer efecto.
Arde un poco, ¿no? Intuyo algo de desprecio hacia mí.
Ahora voy a introducir gradualmente este tubo endoscópico por tu nariz. Sí, porque la ligereza es rival de la precisión. Y sin ella, esto sería carnicería. Y yo no soy carnicero.
Como mencioné antes… así que… ¡Uy! Creo que te lastimé. Lo siento por eso. El tubo desgarró los anillos traqueales. Nada que no pueda remediar. Ahora limpio la sangre del tubo para no contaminar las semillas que introduciré. Empujo un poco más el tubo… estoy terminando… y… listo, ya siento tus pulmones.
Voy a asegurarme de que tu respiración sea la adecuada.
¿Sientes el estetoscopio frío? Eso me indica que tu sentido del tacto está sensible y que todo marcha bien en ti.
Ahora paso estas semillas a través del tubo y las depositaré en tus pulmones.
¿Viste? Bueno, fue un poco invasivo. En general, fue simple para mí. Eso sí, rudimentario el procedimiento, pero se logró. Y todo te lo debo a ti.
***
Sabes que hace dos noches, mientras dormías, moviste la mano. No, no fue un espasmo. Me pareció que la inflorescencia del brazo derecho se extendió hacia la izquierda, como si… como si buscara expandirse.
Si no te molesta, procederé con el registro oral para las cámaras.
La siguiente grabación va para mis archivos: código del experimento TB-01. El sujeto se mantiene consciente. Muestra un aspecto eutrófico, así que la alimentación por la sonda G fue efectiva. Un normocoloreado evidente en la piel y mirada alerta y vivaz para una facies compuesta.
Pasados treinta y dos días, hay presencia de capullos y plántulas.
Lo que me muestra el ecógrafo de mano es enraizamiento firme en pulmones y tráquea. En la zona abdominal observo que las raíces perforaron hígado, riñones y se radicaron en buena parte del colon, quizá hallaron en las heces una nutrición adicional.
Ahora voy a la zona superficial. Se observan poros sumamente dilatados a lo largo de la dermis: en ambos brazos, los brotes son maduros, aunque se aprecian muestras de marchitez floral. Además… Esto no lo esperaba… Supura un fluido oscuro y… sí, un efluvio acre, azufrado. Recuerda a huevos podridos. Tomo una muestra para su examen.
Volviendo al rostro, puedo decir que la germinación es sincrónica. Solo retiraré algunos brotes que puedan complicar la respiración del sujeto.
Ahora observo que en la zona abdominal el brote ha dado una viabilidad total.
La especie «Cytinus ruber» muestra tallos densos y blanquecinos en la porción hipogea, y hojuelas oblongas de color rojo carmín. Como si la sangre hubiera aprendido a florecer. Una muestra de violencia sutil en la metamorfosis.
En conclusión, alguien podría llamar a esto crueldad. Pero la naturaleza es crueldad en sí misma. El cuerpo del sujeto funciona como sustrato ideal para las plántulas. Es válido mencionar que el organismo vegetal se ha impuesto sobre el organismo humano. Esto demuestra que la floración en humanos es viable y sustentable.
Mi hipótesis era correcta.
Fin del registro.





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